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Jul 04 2011

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Repensar el trabajo y la empresa

Un compañero de trabajo me compró hace unos meses en Nueva York el magnífico libro Rework, de Jason Fried y David Heinemeier Hansson. Ha resultado ser un excelente regalo por el que siempre le estaré agradecido. Los autores son los fundadores de la empresa de desarrollo informático 37 Signals, autora de programas tan utilizados hoy en día como Basecamp o Ruby on Rails.

ReworkEl libro pone voz a los pensamientos de millones de personas que no comparten el modelo aún vigente de organización de las empresas y del trabajo. Sus reflexiones constituyen todo un espaldarazo a cuantos creen no sólo viable sino necesario un replanteamiento generalizado de la manera en que los seres humanos afrontan el trabajo (ya sea en solitario o con otros, ya sea por cuenta propia o ajena). Son reflexiones extraordinariamente provocadoras y, en bastantes ocasiones, deliciosamente iconoclastas. Escribo “deliciosamente” porque pocas cosas causan más placer a las mentes librepensadoras que sacudir los mitos y los convencionalismos del establishment, y de eso este libro va bien servido. Pero no se trata de un simple cúmulo de ingeniosas boutades contra el sistema, ni mucho menos. Con los pies en el suelo que se les supone a dos empresarios de éxito, Hansson y Fried se detienen a analizar cómo trabajamos (cómo vivimos) los humanos occidentales de este principio de siglo, y plantean a cada paso alternativas sensatas que no sólo desmontan los rígidos corsés de la empresa convencional y del trabajo estructurado y jerarquizado de siempre, sino que atacan también muchos de los nuevos mitos emanados del pensamiento “alternativo”, convertido ya en oficiosamente oficial.

Llama la atención la sencillez con la que los autores nos invitan, a la hora de emprender, a desembarazarnos de la mayoría de los apriorismos que, inconscientemente, encorsetan la emprendeduría hasta asfixiarla. Leerles es una bocanada de oxígeno que restaura la confianza en que, pese a todo (pese al Estado, pese a la competencia no siempre leal de los grandes y pese a la molicie antiempresarial), emprender es posible y las barreras de entrada no son tan insalvables como con frecuencia se nos vende. Y llama igualmente la atención cómo Fried y Hansson nos invitan a realizar nuestro trabajo de una forma mucho más orientada a la realización tanto personal como profesional o empresarial, eliminando de un plumazo los principales elementos que causan insatisfacción en la mayoría de las personas.

“Las reuniones son tóxicas”, dicen, y nos sugieren reducirlas a la mínima expresión. ¿Cuántas decenas de horas se pierden en estériles reuniones internas, sobre todo en las empresas grandes? Estamos en la era del afianzamiento del trabajo individual, que supera todos los mitos del management de los ochenta sobre las supuestas bondades del trabajo “en equipo” llevado con frecuencia al paroxismo. Se superan así, también, las consiguientes técnicas de manipulación de la gente para “alinearla”, o en realidad para alienarla.

“El ASAP es un veneno”, afirman, y eso parece contradecir el ritmo “natural” de las cosas en el mundo desbocado del siglo XXI, pero lo argumentan con extraordinario sentido común, relacionando la pérdida de tiempo en el conjunto del proyecto con la abundancia de exigencias de as soon as possible durante su ejecución, que logran una aparente victoria parcial pero al final ralentizan el conjunto.

“Planificar es intuir”, se atreven a afirmar, y eso pone voz precisamente a la intuición de cuantos ya pensábamos que la sobreplanificación es uno de los males de estas décadas, herencia pesada de las anteriores. Ya decía Frédéric Bastiat que “los planes varían pero los planificadores son todos iguales”. El exceso de planes, los excesos de los todopoderosos planificadores y la sobreabundancia de ejecutores de los planes, son factores de inflexibilidad y tapones a la creatividad. Las empresas más grandes, emulando al Estado con el que se entremezclan, llevan décadas cayendo en ese error que los autores consideran acertadamente como uno de los peores y, a la vez, como una ventaja competitiva para la empresa pequeña, ágil y dispuesta a dejarse llevar por unas buenas dosis de intuición (ese proceso inconsciente pero efectivo de datos reales), ponderadas naturalmente con el necesario sentido común.

El libro está lleno de frases así de provocativas. Muchas, realmente muchas de ellas, van bastante más lejos de la mera ostentación de chispa. Hansson y Fried nos presentan la empresa y el trabajo que son propios de la era actual. Una era de responsabilidad personal, de libertad y creatividad, de trabajo individual coordinado (no subodinado), de eliminación de los espacios físicos que constriñen nuestra actividad, de intercalación de actividades y, cómo no, de obsolescencia de la vieja etiqueta y reorganización de las relaciones humanas para adecuarse a la red distribuida.

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