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Manifiesto por la Autodeterminación del Individuopor Juan Pina
El Manifiesto por la Autodeterminación del Individuo (Ciudad de México, diciembre de 2000) se publicó en el último número en papel de la revista Perfiles del Siglo XXI (antes Perfiles Liberales), justo antes de convertirse en una revista exclusivamente digital. Tiempo aproximado de lectura del Manifiesto: veinte minutos.
Preámbulo Este Manifiesto por la Autodeterminación del Individuo es un llamamiento a ser conscientes de la propia individualidad y de la soberanía personal que implica. Es también un argumentario en favor de la supremacía de la libertad individual y es, por último, una solemne declaración de independencia personal que el autor firma y pone a la disposición de cuantos quieran sumarse a ella. 1. Consideraciones éticas y filosóficas. 1.1. Como la persona no existe antes de su concepción por otros dos seres humanos, es obvio que la decisión inicial de vivir en el mundo le es ajena e impuesta por la voluntad de otros o, en muchos casos, casi por azar. Además, durante un largo periodo de infancia y adolescencia el individuo no está capacitado para ratificar esa decisión ni imponer condiciones a la misma. Las personas nacemos —por decisión de otros seres humanos— en un determinado entorno físico, familiar y social, y dotadas de unas características genéticas concretas. Obviamente hay toda una parte de ese marco que jamás podremos cambiar, pero decidir sobre la parte modificable del mismo nos compete en exclusiva. No hay voluntad ajena —ni de otro individuo ni de la colectividad, ni impuesta por la tradición ni por las creencias místicas predominantes— que merezca una consideración moral más alta que la voluntad propia, ni hay, por tanto, limitación alguna al ejercicio de la libertad humana que cuente con una legitimidad natural y objetiva. Las restricciones a la libertad humana individual basan su legitimidad en el derecho de los otros individuos, lo que constituye una base eminentemente pragmática de la que se derivan condicionantes a la libertad individual que son también pragmáticos —no naturales ni objetivos sino meramente prácticos para la coexistencia de las personas—. El entorno humano, que sin duda nos brinda muchos elementos positivos y hasta imprescindibles, se ocupa también de cercenar nuestra libertad mucho más allá de las limitaciones físicas y biológicas naturales. Dependiendo del azar, el ser humano nace y se desarrolla en un entorno humano con mayores o menores restricciones a su individualidad, y millones de personas jamás llegan a ser conscientes de su soberanía, de su derecho a la misma ni de la enorme invasión de ésta que padecen. Pero el individuo humano es un ser inteligente y capaz de autogobernarse. El derecho a hacerlo es natural, fundamental e inviolable, y su rango moral es superior a cualquier imposición pragmática de otros seres humanos y al consenso que los demás alcancen para organizar su vida en común. 1.2. A partir del momento en que la persona alcanza un desarrollo intelectual suficiente, momento que podemos establecer hacia el final de la adolescencia, está en su derecho de reconsiderar y modificar todo aquello relativo a sí mismo y a su vida que de él dependa, incluido el propio hecho de existir. Esto le faculta para tomar y cambiar en adelante cuantas decisiones desee sobre su persona, su cuerpo y demás propiedades, su mente y su aceptación o rechazo de cualquier valor, su nombre, su relación con los demás y su forma y estilo de vida. No tomar decisión alguna, como hace gran parte de la población, es también una decisión, aunque con frecuencia no sea consciente. Es decir, quienes por su voluntad o por simple inconsciencia, por inercia cultural o por desidia se dejan llevar por el statu quo en el que nacieron y fueron educados están también ejerciendo una opción. 1.3. La fuente de todos los derechos que asisten al individuo y que le sitúan por encima de cualquier imposición grupal parte del entendimiento del ser humano como un fin en sí mismo, como un ser cuya propia felicidad y realización constituye su misión primordial, aun cuando decida libremente ejecutarla mediante el servicio a los demás. Durante siglos se nos ha enseñado desde las más diversas filosofías e ideologías —desde el cristianismo y el judaísmo hasta el islam, desde el fascismo a la socialdemocracia y desde el comunismo hasta el conservadurismo— que la persona vive en función de la comunidad humana a la que "pertenece", que el sacrificio por los demás es tan noble que constituye casi una exigencia moral, que perseguir la propia satisfacción —sobre todo económicamente— es egoísta e insolidario. Ha llegado el momento de recuperar para el individuo —para todos los individuos— la legítima afirmación de su persona y, por consiguiente, de su acción en beneficio propio como algo éticamente correcto. La filosofía del "altruísmo", es decir, de la afirmación del "otro" (alter) ha sido impuesta desde la escuela hasta el asilo y desde los púlpitos de la iglesia, las tribunas de la política, la alienadora acción coercitiva del Estado, la paternal institución de la familia o las más diversas organizaciones humanas, pero siempre con el objeto consciente o no y a veces incluso bienintencionado de someter al individuo. Dejar un comentario sobre este capítulo Dejar un comentario sobre el conjunto del Manifiesto Pasar al siguiente capítulo
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