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Abr 05 2011

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Y después de Facebook, ¿qué?

Las grandes modificaciones que se están produciendo en el uso y en las funcionalidades de Facebook desde hace unos meses, que han desembocado en los cambios explícitos (anunciados, de hecho) del pasado 10 de marzo, se unen a los numerosos errores de funcionamiento detectados por los usuarios habituales de esta plataforma. Resulta evidente que la empresa necesita generar ingresos y para ello lleva ya tiempo reduciendo las posibilidades de multidifusión gratuita, y encauzando a los usuarios hacia su plataforma de publicidad pagada. Al mismo tiempo (y puede que no haya conexión directa), la interacción entre los usuarios parece haber perdido algo de impulso.

Como sucede con todos los fenómenos de moda, lo importante es qué quedará después, cuando el aluvión pase y las aguas vuelvan a su cauce. Es imposible pronosticar cuál será la magnitud y el alcance de Facebook, ni cuántos años seguirá pujante esta plataforma, pero sí creo posible afirmar que las redes sociales de verdad (las redes de personas) que han utilizado Facebook pronto van a demandar algo más. Es probable que cuando eso ocurra la empresa de Zuckerberg no sea capaz de atender (quizá ni siquiera de percibir) esa demanda por estar demasiado ocupada en explotar el modelo de negocio actual.

No sería el primero ni el último caso de un sitio de red social en declive. Una plataforma similar en muchos aspectos, que causó furor hasta anteayer, está viviendo sus horas más bajas. Se trata de MySpace. Al mismo tiempo, un mecanismo sencillo de comunicación como Twitter parece estar en la cresta de la ola y va superando a los sitios inclusivos de red social una vez que los usuarios comprenden su funcionamiento basado en herramientas externas y descubren una potencialidad de comunicación mayor de la esperada. Pero tampoco el llamado microblogging es la panacea ni Twitter (que en España casi ha triplicado su número de usuarios en un año) va a sustituir a Facebook porque lo que se realiza en una y otra plataforma no es equivalente. Sencillamente, no hay –no puede haber– un sitio web ni un mecanismo privativo que se conviertan, nada menos, en el soporte tecnológico definitivo de las redes de personas. Afortunadamente.

¿Y si las plataformas actuales hubieran sido una fase de una transición?

Los mayores críticos de todas estas plataformas, mal llamadas redes sociales (en todo caso las redes sociales serían sus usuarias) señalan con razón los efectos negativos:

  • Banalización, en general, del proceso deliberativo por la falta de rigor y la superficialidad de las conversaciones, con honrosas excepciones.
  • Impulso a una cultura de la mera adhesión.
  • Conversión de los usuarios en producto para uso de las empresas de marketing.
  • Alto riesgo de recentralización.
  • Etcétera.

Pero, junto a todo ello, me parece razonable reconocer también a estos entornos algunos efectos positivos, por ejemplo:

  • Expansión rapidísima de la cultura de interacción en Internet con otras personas, hasta incluir niveles socioculturales mucho más bajos que los alcanzables por la blogosfera (todavía elitista, en general).
  • Universalización de destrezas de comunicación online elementales (incluso entre las personas mayores, que han logrado adoptar Facebook por su usabilidad).
  • Recuperación y mantenimiento latente de relaciones antes perdidas.
  • Lo más importante: cierta popularización de la cultura de difusión de información al margen de los cauces formales-oficiales, y refuerzo del valor de la prescripción directa en todos los ámbitos.

Claro que todo esto sabe a poco, pero es que estamos hablando de un cambio no intensivo sino extensivo que cumple su función: llegar capilarmente a todas partes. Si estas plataformas fueran la estación término sería un desastre, pero podemos ser más indulgentes si las entendemos como un peldaño más, como una fase de la transición hacia una sociedad con menor brecha digital y en la que la gran mayoría esté, al menos, preparada en lo esencial para desenvolverse en red.

Algunos rasgos de la tecnología para la futura red social

Y por ello cabe preguntarse qué vendrá después de las plataformas y mecanismos actuales. Haciendo un poco de wishful thinking, ahí van cinco rasgos que en mi opinión debería tener aquello que sustituya a estos entornos:

  1. Transversalidad. La convergencia entre las herramientas de blogging y las de gestión de grandes comunidades de usuarios debería dar como fruto una plena capacidad de cada punto de la red social para mantener y gestionar sitios web mucho más complejos que los actuales. Las funcionalidades que hoy son propias de Facebook, Twitter y otros grandes nodos centralizadores pasarían así a residir de forma distribuida en los entornos controlados por cada usuario y no en empresas externas. Para ello, obviamente, es necesario que existan herramientas libres tan sencillas de utilizar como sofisticadas y capaces de conectarse con las de otros usuarios.
  2. Simplicidad. Es preferible que no haya que bajarse nada, que todo suceda online pero bajo tu control. La descarga de un programa, por rápida y gratuita que sea, puede constituir una barrera psicológica o cultural. Recordemos Second Life, salvando todas las distancias. Lo que hace falta es que el espacio de hosting sea mucho más sencillo de controlar para el usuario común.
  3. Privacidad. La mayor crítica generalizada en la sociedad respecto a las actuales plataformas es su recolección de datos sobre los usuarios de cara a su uso comercial posterior. La sustitución de esas plataformas por una plena conexión entre potentes sitios personales con blog, “red social” y mucho más, administrados directamente por cada individuo, debería generar tanto a esos administradores como a los demás navegantes una confianza muy superior en la privacidad de su información. Al mismo tiempo, las opciones de difusión masiva hacia los miembros de tu comunidad dependerían sólo de los parámetros de aceptación fijados por cada destinatario, no de la estrategia comercial del intermediario, como hoy, pues ya no existiría.
  4. Transaccionalidad. Sólo superaremos la centralización en plataformas ajenas si también es fácil para cada punto de red establecer mecanismos no ya de conversación sino también de transacción con los demás puntos. La centralización actual en plataformas genera beneficio económico sólo para éstas y para sus clientes. El valor meramente comercial de la comunidad que existe en torno a cada persona pasaría a ser monetizable por esa persona. Naturalmente, si lo hace de forma burda se quedará sin comunidad, pero ese será su problema.
  5. Integración de todos los tipos de interacción y de los diversos grados de compromiso y participación en un mismo soporte o conjunto de soportes, desde la mera adhesión hasta la aportación de documentos pesados o vídeos, y desde la deliberación profunda tipo blog hasta la simple difusión de píldoras informativas o la alerta instantánea tipo SMS/Twitter, la promoción profesional tipo LinkedIn o la realización de pagos. Pero la integración tiene otra faceta: el éxito de las plataformas más conocidas “de red social” se debe a la gran comunidad de tecnólogos que lanzan aplicaciones conectables a las mismas vía API. Esa comunidad de desarrolladores en general responde a la lógica de la red distribuida y del software libre, como la de creadores de componentes para Joomla o plugins para WordPress. A lo mejor es viable que reoriente sus esfuerzos hacia el nuevo soporte si se le dan las oportunidades y facilidades necesarias, por lo que este nuevo soporte debería estar muy abierto a la fácil admisión de componentes adicionales.

¿Retomamos la blogosfera donde se ralentizó y avanzamos desde ahí?

A ver si, después de todo, lo que ha pasado es simplemente que la blogosfera se durmió en los laureles durante la primera mitad de la década del 2000 y no supo evolucionar para convertirse en algo más interactivo, más rico en funcionalidades, más visual, más instantáneo, más accesible para el ciudadano medio. O lo hizo con lentitud. Si el problema se reduce nada más a eso, si Facebook y otras plataformas simplemente aprovecharon un momentáneo estancamiento evolutivo del blog y de su tecnología (o un encastillamiento elitista de su cultura que fue rechazado por las grandes masas deseosas de más simplicidad y menor autoexigencia), estaríamos en realidad ante una buena noticia: bastaría corregir el rumbo dotando al fenómeno blog de herramientas mucho más potentes y sencillas que las actuales (o complementos y plugins profundamente transformadores de las actuales).

Entre otras cosas, habrá que tratar cada ítem de información (post, micropost, nanopost, marca de estado de ánimo, adhesión a algo, rechazo de algo, “tweet“, “audiotweet“, “videotweet“, podcast, foto, vídeo, documento, aplicación… lo que sea) como un elemento transversal, transportable entre sitios, fácilmente compartible. Pasaremos así del “me lo llevo a mi muro” al “me lo llevo a mi sitio”, cosa que ocurrirá entre dueños de sitios, no entre usuarios de un macrositio que es el dueño real de todos los muros. Mucho más que hoy, esos sitios futuros tendrán que cargar instantáneamente muchas y diversas piezas de información llamadas simultáneamente desde otros sitios por diferentes vías, en función de las interacciones que se den. Además, la actual centralización-monopolio por parte del dueño de cada blog será sólo una de las opciones y habrá muchos entornos “de paso” mucho más abiertos, con sets de reglas variables, decididas por las comunidades que los mantengan. Y todo esto, con la máxima atención a los dispositivos móviles y a un lenguaje cada vez más audiovisual.

El blog convencional ha muerto, larga vida al “neoblog”

Seguramente el blog convencional tendrá que morir en el parto de un nuevo sitio personal-profesional-social, un punto de red multi-propósito, ¿”neoblog”?, orientado no sólo a publicar y debatir (que pasará a ser una de las funciones en los casos en que así se desee) sino a todo. La descripción podría ser algo así como:

Todo lo que hacías online en foros, chats, blogs, wikis, “redes sociales”, microblogging, sitios de favoritos y de agenda, repositorios de documentos y de vídeo y absolutamente cualquier etcétera, pero ahora junto y organizado en TU propio y potente sitio, con sencillez digna de escuela primaria, sin coste y perfectamente conectable por muchas vías con el sitio equivalente de cualquier otra persona u organización.

Es entonces cuando se visualizará con mayor nitidez una malla (por cierto, ineludiblemente resiliente) de relaciones interpersonales de toda índole: un orden espontáneo sustentado por tecnología universal libre y permanentemente actualizada, sin necesidad de pasar por tal o cual macroempresa centralizadora pero pudiendo hacer uso de innumerables herramientas de pago y ofrecer las propias, así como comprar o vender cualquier otra cosa. A todo eso seguramente sí se le podrá llamar, hablando con propiedad, un conjunto de redes sociales. ¿Nos lo permitirá el tándem Estado-gran empresa?

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3 comentarios

  1. David de Ugarte

    Te dejo dos enlaces Juan, uno lo leiste porque participaste en el debate
    http://lasindias.coop/facebook-el-%c2%abefecto-boy-scout%c2%bb-y-la-necesidad-de-dar-un-canal-articulado-a-la-adhesion/
    El otro es ya el listado de funcionalidades ya para ponernos a trabajar en el desarrollo de software
    http://lasindias.coop/prisma-adhesion-abocada-a-la-participacion-y-la-interaccion/

    Creo que las reflexiones son convergentes y creo que nos queda mucho por hacer desde nuestro espíritu libertario y empoderador de las personas a través del software y no para el software.

  2. Juan Pina

    Muchas gracias, David. Acabo de verlo y justo antes os había pasado unas ideas en un comentario al post sobre Prisma. Me parece una iniciativa magnífica. Un abrazo.

  3. Juan Pina

    David, perdona, ya sé por que no se publicó tu comentario automáticamente. Era por tener dos links. Ya he quitado esa traba absurda. Un abrazo.

Los comentarios han sido desactivados.