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Abr 01 2011

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Twitter y la recentralización de la red

El politólogo y analista de la comunicación Harold Laswell se hizo famoso por su máxima “quién le dice qué a quién”. Con esa pregunta se ha analizado los flujos de comunicación en los entornos más diversos y en las circunstancias más variadas. Un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Cornell y de la empresa Yahoo! ha tratado de aplicar a Twitter el mismo criterio, limitándose a los tweets que son directamente prescriptivos al contener un enlace al exterior (frente a los que simplemente llevan hashtags u otros links internos de la plataforma). El resultado parece dar la razón a quienes ven en esta no-red social (sus propios dirigentes han rechazado hace poco la consideración como tal) un considerable riesgo de recentralización de la Red con mayúscula, la red social auténtica constituida por las personas que emplean mecanismos tecnológicos para comunicarse, relacionarse y transaccionar. El informe señala que un máximo del 0,05 % de los participantes en Twitter producen y realizan la difusión inicial de la práctica totalidad de los contenidos con enlace, es decir, sólo ese porcentaje de usuarios prescribe al resto la visita a recursos externos como vídeos, posts en blogs, sitios web de productos y servicios, etcétera.

Así, la élite de Twitter, que varios analistas cifran en apenas veinte mil perfiles a escala global, sería en gran medida responsable de los estados de opinión que la propia plataforma mide tanto a nivel mundial como segmentándolos por territorios mediante su herramienta trending topics. Es interesante la tendencia que señala el estudio: los perfiles de Twitter tienden a la endogamia sectorial o temática. Es decir, la tipología de cada perfil marca en muy gran medida el tipo de comunidad que procurará construir, primando claramente la similitud, lo que también incide en el riesgo de recentralización. Esos veinte mil tuiteros “de élite” serían en muchos casos nodos entre sus propias redes y las demás. Por supuesto, Twitter permite a cualquiera seguir a otros e incluso conseguir que le sigan sin pasar por ningún nodo. Es el flujo de información el que, pese a esas posibilidades, parece desarrollarse siguiendo el camino de una red con intermediarios, en la que los tuiteros-nodo, generalmente sin consciencia de ello, tienen una gran capacidad de definir el consumo de información de sus comunidades.

Hay además una clara tendencia a retuitear en virtud de la adhesión al autor del tweet, tanto o más que al contenido del mismo. Los tuiteros “de élite” tienden a estar más conectados con el mundo exterior a la plataforma, actuando como recolectores de información que criban, seleccionan y difunden a sus comunidades en Twitter. Pero hay también motivos para la esperanza: mientras las URL de medios de comunicación convencionales, pese a su masiva difusión, tienen una vida efímera en Twitter, los enlaces a la blogosfera las superan con creces y constituyen el tipo de links que mayor expansión alcanza. Es decir, la élite de los veinte mil tiene más éxito en el contagio informativo a sus comunidades cuando les recomienda información y opinión originada en entornos deliberativos abiertos que cuando les pasa noticias percibidas como oficiales. Tal vez influya el hecho de que los consumidores del enlace saben que en el blog normalmente podrán conversar con el autor, rebatir o completar su visión, mientras que en el medio convencional apenas podrán dejar un comentario entre cientos.

Una primera reflexión sobre este estudio me lleva a pensar que tal vez millones de individuos rechacen aún la red distribuida producida por el cambio tecnológico vertiginoso de estas últimas décadas. Quizá les abrume y necesiten, además de opciones, vinculaciones. La cultura de la adhesión banal, favorecida por mecanismos de comunicación como Twitter y por plataformas de red social como Facebook, podrá ser naïve y escasamente trascendente, pero proporciona a esas masas –perdidas en la red distribuida y abrumadas por la abundancia de opciones, tras toda una eternidad acostumbradas a trabajar con la lógica de la escasez– los referentes simples que parecen buscar. A largo plazo, es de esperar que esas mayorías vayan aprovechando con mucha mayor profundidad las posibilidades que les ofrece la tecnología a su alcance, y que esto intensifique los flujos directos de información y transacciones. La tecnología hace prescindibles los intermediarios pero parece que la psicología humana todavía necesita a algunos de ellos. Llevará tiempo, pero entre tanto ya hay un avance: cada vez más se trata de intermediarios escogidos y descartados libre y espontáneamente. Cada vez va quedando menos espacio para los intermediarios impuestos mediante las jerarquías sociales y políticas convencionales.

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