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May 18 2011

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Puerta del Sol: medios sociales versus medios convencionales

Se esté o no de acuerdo con la protesta de la Puerta del Sol de Madrid (y de otras ciudades españolas), parece evidente que los acontecimientos son de una gran magnitud. Anoche, mientras la plaza del kilómetro cero estaba absolutamente llena de manifestantes, ¿dónde estaban los medios de comunicación convencionales? ¿Dónde estaba la prensa del establishment? Hubo más repercusión fuera de España que dentro. Incluso Al Jazeera acudió, mientras millones de usuarios convertían los hashtags relacionados en trending topics mundiales, pero las televisiones españolas (todas, desde LaSexta hasta Antena 3 y tanto las pagadas con dinero público directo como las supuestamente privadas que lo reciben de forma indirecta) minimizaron lo sucedido y ofrecieron el mismo pan y circo insulso de todos los días. ¿Qué graves consignas circularon desde Ferraz y Génova hasta las redacciones para convencerlas de que dieran la espalda a su audiencia y abdicaran de su profesión de informadores?

Nuestro ínclito Pedro J Ramírez, según vi en Twitter, llamaba a la “prudencia” frente a un cambio de aparato político y argumentaba que al final cualquier regeneración habrá de pasar necesariamente por el PP y el PSOE, como si por alguna extraña ley de la naturaleza no se pudiera sustituir en su conjunto a esos partidos. Para este señor, como para toda la casta política y periodística de este país, los grandes nodos centralizadores del poder deben seguir en pie, deben seguir mandando (la alternativa es mera cosmética en el régimen del PPSOE) y quizá deban, eso sí, cambiar algo para que todo siga igual. Pedro J y toda nuestra canallesca de izquierdas y de derechas coinciden en poner las barbas a remojar, porque comprenden en el fondo que cuando el mundo mediático convencional sea finalmente barrido por la información en red distribuida, tendrán que dedicarse a otra cosa. Apoyar al establishment político es por lo tanto crucial para ellos, cada uno desde su color político, ya que será esa casta quien les dé, con el dinero de nuestros impuestos, subvenciones y publicidad para prolongar la agonía por algún tiempo.

No nos engañemos, los medios de comunicación convencionales (tanto físicos como online) son un intermediario desprestigiado e innecesario, en franco retroceso. Se mantienen en pie por la abultada cuenta de publicidad que les pagan las administraciones públicas de todos los colores, y porque entre la alta dirección de las empresas (por motivos estrictamente generacionales) sigue habiendo muchas personas que aún les creen importantes y rentables como vehículo de su publicidad. Pero tienen los días contados. La sociedad ni siquiera les da el aprobado en las encuestas que valoran las diversas instituciones. Mientras, los medios sociales de todo tipo, desde la blogosfera hasta el microblogging y desde las redes generalistas tipo Facebook hasta los entornos colaborativos o los sitios de videoblogging y podcasting, van sustituyendo al viejo establishment mediático.

No hizo falta que las teles contaran lo de Sol: ya lo hizo la gente, tanto la favorable a la protesta como la desfavorable. No sirvió de nada cortar las webcams ni poner inhibidores de telefonía móvil. No sirvió de nada que los directores y los redactores jefes se devanaran los sesos para ver qué “enfoque” darle a aquello, en función del accionariado de cada medio, de los compromisos publicitarios o de otras consideraciones igual de “periodísticas”: la información ya fluye sin ellos, al margen de ellos. Los sucesos de Túnez, de El Cairo, de Islandia o de Moldavia (hace dos años) discurrieron en general al margen de todo proceso deliberativo en los medios convencionales. Esos procesos ocurrieron en la blogosfera y sus calls to action se propagaron por mecanismos como el SMS, el microblogging o cualquier otro sistema de difusión directa y a la vez masiva.

Recuerdo a Eduardo Sotillos hace años, pontificando en un aniversario del 23-F que “la radio da la noticia, la televisión la confirma y la prensa la comenta”. ¿Qué ha quedado de todo eso? ¿Qué falta nos hacen esas instancias? La noticia se produce y se propaga sola en el libre orden espontáneo de la sociedad, difundida por miles de relés voluntarios: los individuos. Se confirma o desmiente sola y esa confirmación o desmentido circula por el mismo cauce, al margen de toda oficialidad. La comentamos las personas, y nuestro comentario vale tanto como el de los sesudos expertos y los tertuliano-columnistas a sueldo de los medios de ayer.

El acceso del ciudadano común a la capacidad de difundir de forma masiva o viral le confiere un nuevo poder y resulta terminal para los medios. Tendrán que arrevistarse: convertirse en compiladores de opinión y análisis, y competir en ese empeño con millones de blogs y medios independientes que optarán a la misma audiencia y a los mismos clientes de publicidad. Pero dar la información en sí misma ya no es cosa suya. Los ciudadanos queremos la información directa y en crudo, de la agencia mejor que del medio y de la fuente mejor que de la agencia. Ya estamos cansados de información preopinada y priorizada, silenciada o exagerada por los medios de siempre. En nuestro país son todos ellos particularmente tergiversadores. Es que no se salva ni uno, y la gente lo sabe y no les cree, y si puede se informa por otros cauces. Pues bien, ahora puede. Y puede también informar. Y puede organizarse espontáneamente.

En una era de red social distribuida y alta tecnología universal para la transmisión de la información, el medio convencional es una antigualla que correrá la misma suerte que otros nodos centralizadores obsoletos, como la agencia de viajes. Tiene razón Enrique Dans, todo va a cambiar. En realidad ya ha cambiado, y el tratamiento informativo de estas manifestaciones pone en evidencia la descomposición del cadáver mediático, que cada vez huele peor. Ahora, conforme transitamos desde una democracia colectivista agotada hacia la plurarquía o la netocracia, resulta que los mensajes los emitimos y recibimos nosotros mismos, sin intermediarios, y mientras tanto los medios convencionales… a por uvas.

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