Colegiación obligatoria
Una persona que ha terminado con nota suficiente sus estudios universitarios, obteniendo la acreditación académica correspondiente, no debería verse obligada a ningún requisito más para el ejercicio de su profesión.
Los colegios profesionales son instituciones caducas en el mundo actual. En ellos suelen medrar personas que destacan en la intriga palaciega más que en el ejercicio de su actividad profesional. Son organismos injustos para los profesionales nuevos y jóvenes. El trato que reciben los miembros de los colegios profesionales no es igual, sino que depende de su influencia en el seno de estas instituciones burocráticas y frecuentemente controladas por camarillas y redes clientelares.
Además son organismos represivos que impiden a los profesionales establecerse donde quieran o realizar publicidad, por sólo poner algunos ejemplos.
Contra lo que suelen argumentar, estos organismos no amparan ni mucho menos al consumidor de los servicios prestados, sino fundamentalmente a sus miembros (sobre todo a los influyentes) en caso de negligencia o mal ejercicio de la profesión.
La colegiación obligatoria vulnera la libertad de asociación, por cuanto obliga a las personas a hacerse miembros de una determinada entidad asociativa. Más aún, vulnera también la libertad económica de los ciudadanos consumidores de los servicios prestados, que ven incrementadas sus facturas para atender pagos a los colegios.
Es necesario acabar con el corporativismo, y la eliminación de la colegiación obligatoria es un buen paso en esa dirección. Que haya tantas asociaciones de abogados, arquitectos o médicos como espontáneamente surjan, pero que ninguna de ellas tenga el poder de decir al conjunto de profesionales cómo, dónde o cuándo ejercer su actividad.