Pocas cosas están tan fuera de lugar en una democracia moderna como la monarquía. Se ha convertido en un simple símbolo sin poder pero lo malo es lo que simboliza: la sumisión de los ciudadanos a un poder superior de origen divino, histórico, ajeno al control de la gente. En los países con monarquía, los liberales generalmente defendemos su sustitución por una jefatura de Estado democrática. Pero el principal peligro es pasar de una monarquía sin poder a un presidencialismo fuerte, en países sin tradición de control a esos presidentes sobrelegitimados.
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