«

»

Mar 03 2011

Imprimir esta Entrada

Rouco y las redes sociales

Me había propuesto no volver a irritarme por las opiniones que expresan los jerifaltes de la Iglesia Católica (IC), y recordar contando hasta cien que esta gente cada vez tiene menos influencia, que por fin su reino empieza de verdad y mal que les pese a no ser de este mundo. Pero el otro día el cardenal Antonio María Rouco Varela añadió a su colección de mensajes contra la libertad uno que, francamente, merece respuesta. Según este señor, las redes sociales “exponen a los jóvenes a la influencia desorientadora del relativismo” y propician “un estilo de vida virtual, vacío, paradójicamente, de encuentros y de relaciones verdaderamente personales” (ver la noticia en El Mundo). Pues nada, ya sabemos lo que les va a contar la IC a los jóvenes en la Jornada Mundial de la Juventud que estamos sufragando (con al menos cincuenta millones de euros) los contribuyentes, incluidos los que no somos católicos. La edad avanzada de este jerarca de la IC puede explicar en parte esta visión de las cosas tan desapegada de la realidad de hoy, pero lo preocupante es que sus palabras apenas disimulan, no ya desconocimiento, sino una fuerte aversión a las nuevas formas de interrelación que proporciona la tecnología.

Rouco VarelaLa IC tiene la costumbre inveterada de atacar todo aquello que facilita la libertad individual. En otros tiempos, el Papado simplemente habría prohibido Internet en toda la cristiandad, pero es que en esos tiempos de teocracia Internet no habría podido existir ni desarrollarse. Internet es la realización de un anhelo de siglos, sentido por millones: la popularización de la capacidad de comunicar y comunicarse sin intermediarios. Por eso los intermediarios de todo tipo, desde los religiosos como el señor Rouco hasta los políticos como la señora González-Sinde tiemblan ante Internet y se esfuerzan por desacreditar la Red, minimizar la importancia de la transformación histórica que representa y establecer estériles normas que no logran poner puerta alguna al campo de la libertad.

El cardenal habla de relativismo. A estos señores de las faldas negras les encanta esa palabra, que cargan de connotaciones negativas. Pero conviene buscar en el diccionario su antónimo, mucho más preocupante. Lo desorientador es empujar a los jóvenes a dejar de lado la razón, que constituye el elemento diferenciador de nuestra especie y, en palabras de Ayn Rand, “la herramienta de los seres humanos para sobrevivir”. Es la IC, en realidad, la que lleva muchos siglos “desorientando”. La imprenta le dio un golpe fortísimo al tiempo que liberaba del oscurantismo al mundo occidental. Ahora esta organización percibe la era digital como una amenaza para su cosmovisión y para sus maltrechas expectativas de recuperar el poder terrenal (que, no nos engañemos, es lo que más le interesa). Pues acierta de lleno. Que las sociedades dejen de estar dirigidas por una élite de intermediarios y los individuos pasen a interactuar en todo de manera directa no puede ser una buena noticia para estos señores. Que las redes descentralizadas den paso a redes distribuidas (muy recomendable el libro de David de Ugarte sobre esta nueva realidad), donde la comunicación y las relaciones fluyen de forma descoordinada y espontánea, debe de ser una horrible pesadilla para este señor que encarna lo más caduco del mundo 1.0 y de la cultura del siglo pasado. Y en cambio para mí, y creo que para mucha más gente, esta rápida evolución es uno de los escasos factores de esperanza con los que hoy cuenta la Humanidad. El principal, de hecho.

LinkedInTuentiMeneamePrintFriendlyCompartir