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jun 03 2011

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De lo que se entera uno

Hace un par de meses. La cúpula directiva de una de las mayores empresas españolas recibe una convocatoria de la persona que posee la mayoría de las acciones. No se trata de reportarle la situación de la compañía, ni de escuchar sus ideas para algún importante cambio de estrategia. Se les llama para recibir a un importante prelado católico, uno de los mandamases de la jerarquía que encabeza el ilustre enemigo de Internet Antonio María Rouco Varela. El obispo en cuestión, famoso al parecer por su gran capacidad para sacarle dinero a los empresarios, llega, saluda, visita la empresa, se deja agasajar y adular (naturalmente, habrán tenido que llamarle “eminencia” y tal vez besarle la mano incluso aquellos directivos que no fueran creyentes), come abundante y exquisitamente para no contradecir los mitos, y se marcha para continuar con su itinerario de pastoral fundraising, o, para decirlo en cristiano (perdón, en castellano) de sablazos píos. Sólo de esa empresa, según oye alguno de los presentes, se ha llevado más de tres millones de euros (ignoro si en esa misma visita o en el ejercicio previo). Pero lo más sorprendente (y en mi opinión, preocupante) es que quien posee el principal paquete accionarial, una de las grandes fortunas del país, sostiene con interés una larga conversación en la que el jerarca religioso le da puntual cuenta sobre las reliquias más beneficiosas y milagreras actualmente disponibles para ser adquiridas. Como es obvio, el futuro de esa persona y de su empresa dependen de la incorporación de semejantes piezas del catálogo episcopal a su patrimonio. Explicado esto, debo repetir las cinco palabras con las que he iniciado este apunte, “hace un par de meses”, porque cualquiera diría que se trata de un viaje en el tiempo.

Una empresa privada está en su perfecto derecho de gastar su dinero como quiera. Incluso puede tirarlo por la ventana si lo desea. Pero si los propietarios son muchos y diversos (y, por supuesto, si se trata de una empresa cotizada), tal vez  tengan algo que decir al respecto, ¿no? Ahora que tanto se habla de transparencia y buen gobierno corporativo, este tipo de comportamientos deberían ser conocidos por los consumidores, empleados y accionistas de las empresas. Un millonario que quiera comprar amuletos y dejarse en ello un buen porcentaje de su fortuna, está en su derecho de hacerlo, faltaría más. Pero alguien que se conduce con tal grado de superstición e irracionalidad quizá no debería ocupar puestos de responsabilidad en una importante empresa, cuyas decisiones afectan a muchas otras personas. Pone los pelos de punta atisbar, aunque sea por casualidad y de lejos, hasta qué punto nuestra aristocracia corporativa (y también una parte de nuestra casta política) está sometida a la discreta pero fortísima influencia del misticismo más exacerbado y de las organizaciones fundamentalistas que, valiéndose del mismo, mantienen un poder tan oculto como efectivo. En determinados círculos, o eres legionario o miembro de la obra o de alguna de las otras sectas VIP o no te comes un colín. Es un secreto a voces en el todo Madrid. Un secreto que conviene airear.

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5 comentarios

  1. Roberto Berzal

    Eso de meterse a valorar la gestión de empresas privadas es pisar terrenos peligrosos, sobre todo para un liberal. Si el presidente de una compañia piensa que es mejor llevarse bien con dios que tenerle de enemigo es su problema no el mio. Si gestiona bien su empresa y sus accionistas están contentos no veo qué problema hay en que se gaste lo que considere oportuno en colgar huesos en el despacho.

    1. Juan Pina

      Claro, que se gaste lo que quiera mientras sea su dinero. Otra cosa es el dinero de una empresa con miles de accionistas a los que no se ha consultado. Y, por supuesto, los consumidores están igualmente en su derecho de no comprar sus productos ni contratar sus servicios. A mí me preocuparía contratar los servicios profesionales de una empresa dirigida por cabezas tan irracionales.

  2. Roberto Berzal

    Y cómo se obliga a informar de esas cosas? Se pone un espía al presidente? Se contrata un Gran Hermano? Se supone que hay un consejo de administración y una asamblea de accionistas que controla estas cosas.

    ¿Que a algunos accionistas no les gustará saberlo? Seguro, pero ese es su problema. Que vendan sus acciones y punto.

    Por otra parte yo cuando compro un producto me da igual si el presidente reza el rosario o no, lo que quiero es que el producto sea bueno.

    Lo dicho, terrenos pantanosos.

  3. Juan

    El quid de la cuestion es si un gerente o un accionista mayoritario puede o no puede gastar los dineros de la empresa y del resto de accionistas en temas irracionales.

    El accionista minoritario ve como ssus beneficios bajan por decisiones absurdas sin que pueda recriminarlo (el otro es mayoritario), lo que lleva a la idea que ser accionista es dejar tu dinero en manos descontroladas y que lo logico es retirarlo.

    Saludos.

  4. Juan Pina

    Hombre, Roberto, claro que no hay que espiar a nadie, la empresa es soberana. Si los accionistas son tan tontos de permitir que el Consejo dé parte del beneficio a estos señores de las faldas negras, en detrimento del beneficio a percibir, pues allá ellos. Si los consumidores sólo compran por precio y les da igual que la empresa a la que apoyan con su compra incurra en este tipo de prácticas de vudú, allá ellos también. Pero, como decía en el artículo, luz y taquígrafos. Que se sepa, para que los accionistas y los consumidores disconformes puedan actuar como sus intereses o su conciencia les dicten. Coincido contigo, el terreno es pantanoso :)

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