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Mar 01 2003

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Yugoslavia: un proceso sensato

El pasado mes de febrero, el parlamento de esa entelequia llamada Yugoslavia aprobó por fin la disolución de tan artificial país y la creación de uno nuevo denominado Serbia y Montenegro. Ambas repúblicas, prácticamente soberanas en el nuevo marco constitucional, podrán decidir en referéndum dentro de tres años si desean continuar federadas o separarse definitivamente, mediante un proceso pacífico y democrático similar al que en su día siguieron los Estados que conformaban Checoslovaquia. Bajo el nuevo pacto constitucional, sólo quedan en común la Defensa y los Asuntos Exteriores. El marco de autonomía de ambas repúblicas es similar o mayor al de Flandes y Valonia en el caso belga. Es muy probablemente el principio del fin de un país construido con sangre y destruido con más sangre aún.

El proceso es sensato y solamente cuenta con la abierta oposición de los ultranacionalistas serbios, precisamente los mayores culpables de las guerras sangrientas que han asolado los Balcanes en la década de los noventa. Más allá de las implicaciones directas del proceso constitucional en marcha, los serbios y montenegrinos están dando (por una vez) una lección democrática a los muchos Estados europeos que se empeñan en la coexistencia forzada de regiones y naciones heterogéneas e históricamente enfrentadas.

Publicado por la revista Perfiles del siglo XXI en marzo de 2003.

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