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Dic 01 2001

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Responder al 11-S dentro de la ley

El brutal ataque del 11-S debe saldarse en los tribunales de verdad, no en oscuros consejos de guerra, opacos a la prensa y carentes de las mínimas garantías procesales. Porque Occidente no es como sus enemigos, no podemos permitir juicios sumarísimos que atentan contra el concepto mismo de justicia tal como lo hemos heredado tras siglos de tradición jurídica occidental.

Confieso mi espanto ante las últimas declaraciones del presidente de los Estados Unidos. Sus palabras me han horrorizado como jurista, como liberal y como ciudadano de Occidente. Bush dice que someterá a los terroristas que capture en Afganistán (y supongo que también a los dirigentes del régimen depuesto) nada menos que a “consejos de guerra”.

La explicación es muy sencilla. En un juicio normal hay prensa; en un oscuro consejo de guerra celebrado en una remota base militar o a bordo de un portaaviones, la información que el mundo reciba será cien por cien controlada por el gobierno norteamericano. En un juicio normal hay pruebas; en un consejo de guerra supuestamente también, pero la práctica nos enseña que este tipo de procesos suele adolecer de una fuerte predeterminación. En un juicio normal las garantías jurídicas y los plazos de todo tipo pueden hacer muy largo el proceso; en los consejos de guerra de Bush probablemente no habrá garantías jurídicas ni defensa digna de tal nombre, por lo que el presidente podrá colgar o fusilar rápidamente a unos cuantos encausados y “vengar” así a la sociedad norteamericana herida por la barbaridad del 11-S. No parece una acción digna del país más avanzado de Occidente.

Más parece que Bush busque la revancha y no la justicia, la rápida oferta de carnaza a una sociedad ávida de castigo, y no el profundo esclarecimiento de lo ocurrido y de las responsabilidades precisas de cada individuo. Más parece que el presidente de los Estados Unidos haya abdicado de su papel de faro de la civilidad occidental, del Estado de Derecho y de la auténtica y objetivable Justicia para tornarse en el burdo sheriff de un pueblo de Texas que le “da su merecido” a los malos de la película, de forma tosca y sin reparar en sutilezas ni matices, aunque por el camino caiga algún inocente o no se repartan las culpas y las penas conforme a hechos demostrados y con la proporcionalidad jurídica debida.

El mundo, y en particular Occidente, ha expresado por una vez un torrente de solidaridad con los Estados Unidos, victimizados por el peor ataque terrorista de la Historia humana. Es de justicia que así sea, y que la solidaridad con la nación norteamericana sea tan generosa como sin duda merece. Pero ese mismo mundo, y en particular ese mismo Occidente, no aceptarán consejos de guerra, juicios sumarísimos ni otras farsas por el estilo en sustitución de la justicia normal y ordinaria, cuyo imperio es una pieza fundamental del sistema de valores atacado por los terroristas. Si Bush cumple su amenaza de celebrar esta clase de procesos pseudojudiciales, los enemigos de Occidente brindarán con champán (sin alcohol, supongo) porque habrán logrado uno de sus objetivos. Y Bush habrá perdido mucha de la legitimidad que adquirió con su serena y correcta actuación en los días y semanas posteriores al 11-S.

Es de esperar que los aliados occidentales de Bush le disuadan de esa barbaridad, porque saciar la legítima sed de justicia con el agua salobre de unos turbios juicios militares sólo cerrará en falso el problema. La justicia militar es a la justicia lo que la música militar es a la música…

Publicado por la revista Perfiles del siglo XXI en diciembre de 2001.

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