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Sep 23 2013

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Renovarse o morir

Escribo estas líneas con la tristeza de ver cómo el Freie Demokratische Partei (FDP), el partido liberal de Alemania, queda excluido del Bundestag por vez primera en tres cuartos de siglo. A los liberales del resto del mundo, el FDP nos había acostumbrado a cruzar los dedos, a estar frecuentemente en vilo respecto a su continuidad en el parlamento. Pero después todo se arreglaba e incluso cuando el resultado era malo, la representación parlamentaria permanecía y, con ella, una frecuente capacidad de participar en la coalición de gobierno.

Muchos, sin embargo, advertíamos una y otra vez a nuestros amigos alemanes y, por extensión, a los demás partidos europeos representativos del liberalismo clásico, que a largo plazo había que hacer algo. Que esto no podía seguir así. Que el liberalismo políticamente organizado se nos estaba quedando antiguo. Que habíamos hecho demasiadas concesiones al colectivismo de los grandes partidos y habíamos reducido peligrosamente nuestra capacidad de proyectar una identidad diferenciada. Que el liberalismo europeo necesitaba urgentemente iniciar un proceso de aggiornamento, que era imperioso actualizar sus contenidos para ofrecer al electorado, no tanto una alternativa más del sistema como una alternativa de sistema, capaz de articular, frente al consenso socialdemócrata heredado de la posguerra mundial, una reforma política orientada a recuperar la libertad individual perdida. Y que para ello los partidos liberales tenían que volver a sus orígenes, desprenderse de toda hibridación con las otras corrientes ideológicas representadas en el arco parlamentario y emprender en soledad su propio camino de actualización, contando para ello con los aportes más viables y sensatos derivados del propio liberalismo, como el radicalismo italiano, el libertarismo norteamericano, la Escuela Austriaca en lo económico, el objetivismo en filosofía, etcétera. No se nos hizo demasiado caso.

En política, como en el mundo de la empresa, algunas decisiones que aseguran un objetivo a corto plazo pueden simultáneamente perjudicar los intereses a largo plazo o la misión misma de la organización. Lo que consigue pan para hoy puede provocar hambre mañana. No es fácil escapar de las inercias que mantienen un statu quo conformista, pero mantenerse eternamente en ellas puede ser un suicidio lento que, si bien aplaza el desastre, también lo hace cada vez más inevitable.

Lo que le ha ocurrido ayer al FDP tenía que pasar, y le puede pasar a otros partidos liberales europeos. Me da bastante pena ver lo sucedido, pero no puedo dejar de pensar que ellos se lo han buscado y que les está bien empleado por haber descafeinado su liberalismo hasta convertirlo en un insípido complemento. Para votar “al socio de Merkel”, uno se deja de bobadas y vota directamente a Merkel. El FDP no ha sido capaz de transmitir la idea de que no era el bastón de Merkel sino el freno a las posiciones más liberticidas de la CDU. Ahora, sin un FDP que la condicione, la CDU va a poder imponer su rancio conservadurismo social y al mismo tiempo va a carecer del ingrediente liberal en la acción de gobierno, lo que se dejará sentir en Exteriores y, especialmente, en Economía. El FDP era el factor esencial de la política económica de la coalición. Sin él, es probable que se produzca una paulatina deriva del gobierno alemán hacia posiciones mucho menos liberales.

Pero, al margen de lo que pase ahora con la política y la economía alemanas, duele pensar en el futuro del propio FDP y en el de la Fundación Friedrich Naumann, que durante décadas ha sido un faro mundial del liberalismo. Tuve el honor de trabajar en estrecha vinculación con la FNSt durante cinco años, al frente de la revista Perfiles Liberales, y siempre me pareció esencial su labor de conciencia crítica, que una y otra vez recordaba a los políticos del FDP la necesidad de ser más radicales y de actualizar el ideario. Muchos representantes de la fundación mantuvieron siempre posiciones liberales profundas, cuestionaron el estatalismo que se ha enseñoreado de Europa durante demasiado tiempo, y alentaron una visión más libertaria del programa liberal. Sin embargo, de un tiempo a esta parte parece como si nadie, ni siquiera la Fundación, hubiera sido capaz de influir en la deriva del FDP y provocar su renovación.

Ahora es el momento de pensar qué hacemos con el liberalismo europeo y mundial. ¿Seguimos situándolo en competencia suicida por el mismo espacio que hoy ocupan socialistas y conservadores a la vez, o nos decidimos por fin a ocupar un espacio alternativo al de ambos? ¿Seguimos proyectando la imagen de un liberalismo acomodado al establishment, consustancial al sistema, apenas reformista y nada rupturista, integrado sin más en la socialdemocracia transpartita que cubre todo el arco parlamentario, o nos atrevemos por fin a tomar, en todos los países donde el liberalismo tiene presencia, la ruta de regreso desde el colectivismo, el rumbo inverso al camino de servidumbre del que Hayek nos había alertado? Es mucho lo que los liberales clásicos han aportado a la libertad durante las décadas del consenso socialdemócrata, incluso desde las posiciones tan tibias y claudicantes que siempre han mantenido. Pero eso ya no sirve. Ese modelo está agotado. Es el momento de un liberalismo diferente al de los últimos cincuenta o sesenta años, un liberalismo ilusionante, alternativo, pacíficamente antisistema, orientado a desmontar sensata y paulatinamente el Hiperestado en vez de apuntalarlo. Y ese otro liberalismo, ese liberalismo mucho más libertario, ese liberalismo del siglo XXI, no puede parecerse al FDP que ayer se hundió. Tiene que mirar en otra dirección y tomar otros referentes, ser la voz del individuo y actuar en las instituciones para frenar y revertir la proliferación estatal.

Ojalá del desastre alemán, una vez digerida la tristeza, todo el liberalismo clásico europeo saque la conclusión lógica de que la renovación ya es inaplazable. En nuestro continente hay grandes partidos liberales, muchos de ellos determinantes en sus países. Es esencial que apliquen aquello de las barbas del vecino. De no hacerlo, el FDP sólo habrá sido la primera ficha del dominó. Pero si nos decidimos a agarrar el toro por los cuernos, podemos recuperar el terreno perdido. La socialdemocracia transpartita, el Estado paternalista y confiscatorio, tiene los días contados en términos históricos porque es insostenible y va a colapsar como lo hizo el socialismo real al otro lado del Telón de Acero. O los liberales clásicos caen con el resto del sistema cuando llegue ese momento, o reaccionan de una vez, recuperan su esencia y se sitúan directamente en frente de este sistema fallido. En España, los liberales clásicos y los liberales libertarios que conformamos el P-LIB somos aún extraparlamentarios, pero trabajamos decididamente en esa dirección.

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4 comentarios

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  1. Heber Rizzo

    La lucha por la libertad es continua, y exige debatir sin temor enfrentándose a las mil formas sutiles de la dominación.
    Hay que llamar a las cosas por su nombre, dudar siempre y exigir transparencia, sin aceptar opiniones basadas en la autoridad.
    Eso es lo que ha dejado de hacer el liberalismo.

  2. Takis Tsiambouris

    Estoy de acuerdo con usted, Juan. A mi modo de ver, además lo aplico tal cual desde hace bastante tiempo, hay que participar en los debates [en facebook mismamente, más en las web de noticias donde se permitan expresar opiniones y contestar] allá donde aparecen escritos/opiniones digamos antiliberales. Razonando, con clama, yendo al grano, exponiendo de una forma amena y desenfadada las alternativas liberales. La época de los meros anuncios entiendo que ha tocado su fin. Ha llegado la hora de convencer con “lluvia fina”, que si bien es más lenta, sin embargo es mucho más efectiva.

    Un saludo.

  3. mario mc loughlin

    ¡Completamente de acuerdo con su artículo!

  4. David

    Aunque no soy liberal entiendo que lo que dice se puede aplicar a cualquier partido, renovarse o morir. Pero si como usted dice “Para votar “al socio de Merkel”, uno se deja de bobadas y vota directamente a Merkel” entonces el liberalismo no es una opción tan fuerte entre el electorado alemán puesto que cambian a una opción más intervencionista.

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