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Feb 01 2002

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La “justicia” de Guantánamo

Donald Rumsfeld afirmó en la CNN que el trato que reciben los presos afganos en la base militar de Guantánamo es “mejor que el que ellos daban a sus prisioneros”. Al basarse en semejantes parámetros de comparación, el secretario de Defensa pone al Estado norteamericano a la altura del régimen talibán derrocado. Los terroristas de Al-Qaeda son sanguinarios criminales que merecen toda la dureza de la Justicia humana. Lo que no merecen (y tampoco los ciudadanos de Occidente merecemos ver cómo ocurre) es un juicio de opereta en una base militar alquilada a Cuba. El motivo de trasladar a estos presos a Guantánamo es obvio: evitar que les ampare la ley estadounidense, que se aplicaría en territorio de ese país y, también, en naves o aeronaves de los Estados Unidos situadas en aguas o espacio aéreo internacionales. Por eso Bush ni siquiera les va a someter a un consejo de guerra a bordo de un portaaviones, sino a pseudojuicios celebrados en un territorio de ambigua soberanía cedido por Cuba a principios del siglo pasado. Desde Perfiles del siglo XXI siempre hemos expresado nuestro horror por lo ocurrido y nuestra solidaridad con las víctimas del 11 de septiembre, y hemos apoyado con firmeza la campaña militar antiterrorista desplegada por Washington en respuesta al sanguinario ataque. Sin embargo, el presidente Bush nos ha decepcionado al negar a los presos los derechos fundamentales que recoge la Convención de Ginebra, y al evitar que comparezcan ante la justicia con luz, prensa y ventilación. Y con las garantías procesales que todo encausado debe tener. La farsa de Guantánamo, las jaulas para animales donde se ha confinado a los presos, las más que probables torturas y la plena indefensión jurídica de estas personas son hechos indignos de los Estados Unidos de América y sólo consiguen que el apoyo mundial a la causa de Washington se vaya debilitando ante un comportamiento tan ajeno a la cultura, la tradición y los principios de Occidente.

Publicado por la revista Perfiles del siglo XXI en febrero de 2002.

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