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Ago 27 2013

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La eterna cortina de humo ya no cuela

El 14 de julio saltaron a la portada de El Mundo los eseemeeses que habían intercambiado el presidente del gobierno y su ex amiguito del alma Luis Bárcenas, y, claro, lo primero que se me pasó por la cabeza fue “esto ya sí que es definitivo: o dimite o saca Gibraltar”. Y sacó Gibraltar, porque dimitir, lo que se dice dimitir, aquí no dimite nadie por “simples” causas políticas, excepción hecha de Adolfo Suárez (al duque lo que es del duque). ¿Dimitir? Anda ya: aquí las causas tienen que ser judiciales y haber sentencia firme. Mientras eso no ocurra, venga super glue a la poltrona, y la cara bien alta. Tan alta como dura.

Gibraltar es para los políticos españoles, sobre todo para los conservadores, como el comodín del público o el de la llamada o cualquier otro asidero televisivo. En el videojuego de nuestra política-plasma, recurrir al escudo-peñón es una potente defensa, pero también es arriesgada.

Es un parapeto firme —como una roca, precisamente— porque reaviva la producción de adrenalina patriótica en las masas anuentes, excitando su proactividad en la defensa del político en cuestión, a cualquier precio y haya hecho lo que haya hecho. Ante la mera mención de la colonia, a nuestros conservatas se les encrespa el vello, se les nubla la vista y comienza a latirles una venilla que amenaza trombosis. Es mano de santo, oiga. Cegados por la santa indignación del que se siente vejado, igual les da ocho que ochenta y todo les vale. Entre el Pirineo y La Línea no existe cortina de humo más efectiva que sacar Gibraltar.

Pero es también una defensa arriesgada porque, por supuesto, quienes la emplean saben que no va a ninguna parte, y que por lo tanto tendrán que lidiar después con el desinfle de su legión de conquistadores dispuestos a saltar la verja gibraltareña, como los rocieros pero con mala leche. Y con esta nueva andanada al peñón se ha visto, encima, que los españoles de hoy ya no son los que se congregaban ante los consulados británicos con bocatas de chope de la Falange: la mayoría se ha mostrado entre escéptica y contraria, por lo que el tiro, en gran medida, le ha salido por la culata a García-Margallo y habrá roto algún cristal del vetusto Palacio de Santa Cruz. Además, es arriesgada también por todos los intereses prácticos españoles que se ven perjudicados por el camino, desde la seguridad política de ceutíes y melillenses hasta la previsible bofetada europea o internacional, y desde nuestros trabajadores transfronterizos hasta la imagen exterior, que retrocede décadas para recuperar ante nuestros atónitos socios del Norte el Spain is different más estesopajares y cañí. “¿Cómo, otra vez los españoles con esto?”, se preguntan en pleno facepalm los europeos mientras afloran de golpe todos los clichés que tanto nos había costado sacudirnos sobre nuestro exceso de orgullo y demás.

Qué mal tiene que estar Rajoy para haber recurrido a enrocarse con lo de Gibraltar. Pero qué mal. Transformado en Rajoy el ultrajado, o Ultrajoy, ha pretendido agrupar en torno suyo a las masas para, como un Galtieri cualquiera, como un Hassán II martillo de saharauis, liarla tan parda ahí abajo como para que “lo suyo” pase a segundo plano. Tan mal está como para haber sacado uno tras otro todos los agravios habituales y todos los topicazos de rigor sobre Gibraltar, estirando la soflama durante todo un tórrido agosto. Porque se empezó con lo del arrecife artificial y se ha seguido con todo: que si el tabaco, que si el paraíso fiscal, que si las aguas, que si el espigón, que si hay tráfico de esto o de lo otro, que si la soberanía, que si los yanitos son Satanás enfurecido…

Es que la cortina de humo gibraltareña no es sólo tupida, sino milagrosamente flexible, cual burbuja de chicle. ¡Sólo ha faltado convocar a las huestes a una Marcha Verde, y en parte se ha hecho un amago con barcos pesqueros! Pero las burbujas al final estallan, y ya puede tener cuidado el gobierno porque se está pasando de la raya (o de La Línea) y esas peticiones de amparo bruselense o neoyorquino, o de La Haya… ejem, lo más probable es que se sustancien en un severo batacazo que se cargue el juguete, y entonces a ver qué hacemos en el futuro, sin el arma de distracción masiva llamada Gibraltar y con la cuestión definitivamente cerrada en contra de la posición oficial à la Serbia que aún mantiene para nuestra vergüenza Exteriores: una reivindicación territorial tan obsoleta y rancia como el propio estatus colonial, y cada vez menos sentida por los españoles educados en democracia, que lógicamente ya no aceptan la integración forzosa de treinta mil personas y de su territorio contra su expresa y unánime voluntad. No tenemos bastante follón interno como para incorporar encima, a las malas, un territorio con el 100% de la población en contra y decidida a la secesión. De locos.

Urge sustituir ya este absurdo contencioso por una emancipación política destinada a normalizar Gibraltar como un territorio similar a Jersey, a la Isla de Man o incluso a Mónaco o Liechtenstein. Que se nos dé la razón “histórica” (para nuestros carcas la perra gorda), que ondee diez minutos la rojigualda durante la ceremonia de constitución del nuevo sujeto de Derecho internacional, para sollozante orgasmo patriótico de los conservadores… y que después Gibraltar sea a España lo que San Marino es a Italia. Y que podamos coexistir con ese microestado igual que hacemos con Andorra, desde la buena vecindad y el respeto mutuo. Serán más felices los yanitos, estarán mejor defendidos nuestros intereses prácticos en la zona, y no le daremos renovados argumentos al anexionismo marroquí.

Y mientras tanto, Mariano… que sepas que no cuela. Al menos para los liberales. Que la extrema gravedad del caso Bárcenas va a recuperar toda la atención de forma inmediata. Que estás haciendo piruetas al borde mismo del precipicio. Que eres un político zombi. Que ni un solo primer ministro europeo seguiría aferrado al sillón en una situación equivalente, con las vergüenzas claramente al descubierto. Que resulta ya bochornoso tener de presidente del gobierno a alguien que cuando no se esconde, miente, y que, de forma ya reconocida por el PP, se ha gastado el dinero de los contribuyentes (subvenciones al partido) en sueldos elevadísimos por no trabajar, o sea por callarse. Que para estar en La Moncloa no basta resucitar viejas batallitas eludiendo así dar la cara, esa cara tan alta y tan dura.

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5 comentarios

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  1. Un liberal

    Reivindicar la individualidad de las opiniones es un rasgo característico de quien se enorgullece de pensar por sí mismo.

    Usted pone su opinión en boca de todos los liberales. Dice qué es lo que un liberal debe pensar, exhibiendo una especie de caramelo hueco como si de un premio se tratase.

    Solemos decir quienes queremos pensar libremente y hacer gala de ello que hablar en plural es tan poco liberal como la pretenciosidad dialéctica, eterna enemiga del mérito como mecanismo esencial para crear el futuro y la riqueza del género humano.

    No me ha gustado nada su artículo. Prescinda de unanimidades y de historicismos y predique con el ejemplo ejercitando una metodología algo más individualista, clave para comprender la naturaleza del problema. O no lo haga y llámeme meticón, pero ante todo no amordace mi verbo o confirmará el famoso dicho de “dime de lo que presumes y te diré de lo que careces”.

    Un gran saludo, espero sinceramente que lo tenga en cuenta, nos ayudará a todos.

    1. Juan Pina

      Estimado amigo liberal: Muchas gracias por su amable comentario, que tendré en cuenta. Sólo quiero aclarar dos cosas. La primera: nunca he hablado en nombre de todos los liberales y nunca lo haré, precisamente porque comparto su visión respecto a la individualidad de las opiniones. No entiendo de dónde desprende usted, en el artículo, semejante pretensión. La única mención a los liberales es la del último párrafo, que se limita a señalar la posición formalmente adoptada por el partido español que les agrupa. Simplemente se dice ahí “los liberales” para referirse al P-LIB, que es la forma normal de hacerlo, como “los socialistas” identifica al PSOE o “los conservadores” señala al PP. En todo caso, no tengo inconveniente en aclarar aquí que mi visión liberal es una, y que puede haber otras, naturalmente. La segunda cuestión es la acusación de historicismo que me formula, y que me sorprende mucho porque, precisamente, mi visión sobre el contencioso es la más alejada posible del historicismo. Es historicista la posición tradicional de nuestra diplomacia, y en cierta medida también la británica. No lo es en absoluto la mía (mucho más cercana a la que habitualmente mantienen los representantes de la población gibraltareña), por cuanto entiendo que todos los argumentos históricos en una u otra dirección están superados por la realidad sobrevenida de la existencia de un nuevo grupo humano sujeto de derechos políticos. Un saludo cordial.

      1. El mismo liberal de antes

        Estoy de acuerdo en su idea de separar la clásica referencia a la izquierda y a la derecha para definir un género de políticas u otro. Es mucho más europeo y civilizado llamar a las cosas por su nombre y admitir que la política es algo más que un examen del carnet de conducir.

        En cambio me continúa asaltando la duda en cuanto a la unidireccionalidad de sus posiciones y las de su partido. El partido liberal consolidado que más conozco y admiro es el FDP de Alemania (aunque el suizo tampoco se les queda atrás). Allí podemos escuchar distintas voces encuadradas dentro de dos principios básicos: una economía fuerte, libre y de futuro en consonancia con una vanguardia absoluta en la defensa de los derechos civiles; que luego están los “liberales” que no lo son de verdad por no serlo en lo político. Sus dirigentes se refieren a la opinión del partido únicamente en aquellas cuestiones que han sido acordadas mediante los respectivos mecanismos de los que dispone el partido, para el resto siempre queda reservado el título personal.

        En materia de relaciones internacionales no seré yo el que le alabe el gusto al señor García Margallo. En cambio he de señalar que la actitud del señor Picardo es más o menos igual de bajuna que la ostentada por nuestro gobierno Thatcher (naturalmente hablo de lo malo de Thatcher, no de lo bueno). Tampoco considero que fuera tan previsible el “cortinazo de humo”, pues a fin de cuentas las reformas del actual ejecutivo (digo ejecutivo por aquello de que las mayorías absolutas desvirtúan el parlamentarismo) no han recibido más que alabanzas en los foros europeos y en la troika.

        ¿Corrupción? Llámeme raro pero a mí lo que más me preocupa es el déficit y el desempleo, este último es el que le preocupa además a la inmensa mayoría de la población española según CIS (lo dejo caer a ver si cuela).

        Un saludo igualmente, me alegra mucho que conteste los comentarios. Respecto del historicismo vamos a aparcarlo porque yo soy liberal de corazón, no de academia (aunque a veces también me paso por la academia).

  2. Juan Antonio Sánchez

    Estoy de acuerdo en que Rajoy utiliza esto, como casi todos los políticos hacen, como maniobra de distracción de cara a la opinión pública. Su gestión está ya superando en desastre a la del imbécil de Zapatero. Dicho esto, también hay que decir que no ayuda mucho, precisamente, el lanzamiento de bloques de hormigón al mar, y otras putaditas por el estilo. Este anacrónico conflicto debería haberse resuelto ya hace mucho tiempo, pero no existe voluntad política en ninguna de las partes, y tampoco los británicos ayudan para nada. Lo que nunca se debería pretender es anexionar a la fuerza a una población que quiere seguir perteneciendo al Reino Unido y seguir disfrutándo de su libertad. Hay que sentarse de verdad a hablar todas las partes implicadas, pero con verdadera voluntad de resolver, de una vez por todas, este absurdo jurídico-político en pleno siglo XXI. Muchas gracias.

  3. Juan Carlos

    Estimado Señor Pina:

    Primero, me presento. Soy un Gibraltareño que lleva viviendo 25 años en Madrid. Licenciado en económicas por la Universidad de South Bank en Londres, ciudad en la que viví 10 años. Tengo 2 hijos, uno nacido en Londres y otro en Madrid.

    Referente a su articulo solo quisiera decir 2 cosas:

    Primero, felicitarle por el mismo, que comparto al 100%.

    Segundo, más haya de la política, quisiera llamar la atención al enorme sufrimiento humano que está causando la actuación de este gobierno del PP. A los propios Gibraltareños y a miles de ciudadanos Españoles. No me quiero extender, pero le aseguro que a los Gibraltareños le alegrará saber que hay Españoles como usted, que en mi opinión son mayoría, y no todos son como los gobernantes del momento, que se dedican a fomentar el odio, para cubrir sus propias verguenzas, sin importarles el terrible daño humano que han causado.

    Un Cordial Saludo.

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