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Abr 01 2003

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Honduras y Nicaragua: escalada arancelaria

Es una lástima que gobiernos conformados por partidos liberales incurran a veces en los mismos comportamientos que cualquier otro gobierno. La actual guerra de aranceles entre Nicaragua y Honduras no tiene sentido, y serán los consumidores de ambos países quienes paguen la factura de un conflicto más basado en el nacionalismo de Managua y Tegucigalpa que en afrentas objetivas. El presidente hondureño Ricardo Maduro ha anunciado un nuevo arancel del 35 % a todos los productos nicaragüenses, pero esta medida es la devolución de un golpe anterior: el arancel nica a los productos hondureños como represalia por el acuerdo marítimo entre Honduras y Colombia (Nicaragua sintió vulnerada esa cosa intangible y risible que aún interesa tanto a los políticos: la “soberanía” sobre un trozo de mar).

Ahora Maduro dice que su país perdió doscientos millones de dólares y que unas cincuenta empresas hondureñas quebraron. ¿Y de verdad cree el gobierno de Tegucigalpa que la mejor manera de corregir ese problema es privar a los ciudadanos hondureños de los productos nicaragüenses? Mientras ambos gobiernos hablan y negocian, los perjudicados son los ciudadanos. La mejor solución para los países en desarrollo es un desarme arancelario unilateral y global, por encima de cualquier otra consideración. Hay que quitarle a los políticos ese maldito juguete que es su capacidad de poner aranceles a algunos productos simplemente por el hecho intrascendente de haber sido fabricados “fuera”. Estamos en el siglo XXI: ya no hay “fuera” y “dentro” sino economías libres o economías intervenidas.

Publicado por la revista Perfiles del siglo XXI en abril de 2003.

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