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Ene 26 2015

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Grecia y la recentralización

No creo conspiranoico afirmar que los grandes procesos políticos, a grandes rasgos, suelen obedecer a líneas o marcos definidos tiempo atrás por los grupos relativamente reducidos que controlan los Estados y, a su través, las finanzas cautivas y las grandes empresas pseudoprivadas que falsean el capitalismo. La casta estatal ha sustituido el dinero objetivo por su falsa moneda, y el legítimo negocio bancario por un oligopolio cerrado donde medran sus primos hermanos: la aristocracia financiera. Ha reemplazado el orden económico espontáneo por la planificación interesada de políticos y burócratas, y la competencia empresarial, imprescindible para la excelencia, por una insoportable hiperregulación que sólo beneficia a la casta directiva (directiva, no empresarial: emprender es otra cosa) de la gran empresa cooptada y anexionada como una extensión más del Estado. Esa casta, contra lo que piensan los conspiranoicos, no es un bloque compacto y homogéneo que decrete nuestro futuro con precisión. Pero hay una amplia gama de posibilidades entre esa visión simplista y su antítesis igual de ramplona: la de quienes creen que en política las cosas pasan espontáneamente y que los acontecimientos responden al contexto de cada momento. Creo que la realidad se encuentra en algún punto de esa gama, y que ese punto es dinámico, no fijo. Y creo que los grandes marcos y las grandes líneas se establecen en función de los desarrollos generales, en contextos de muy largo plazo, en lo que casi podríamos llamar términos históricos.

Lo de Syriza puede ser un hecho aislado. Tsipras puede hundir rápidamente Grecia y servir de vacuna continental y de muro de contención frente a los avances bolivarianos. Incluso puede ser ese el plan, como parece claro que, en una capa muy inferior, el plan del PP y de su entorno empresarial ha sido impulsar a Podemos para hundir al PSOE e IU y tratar de salvarse (otra cosa es cómo le salga al final, o si han modulado bien el impulso dado). Pero también es plausible otra hipótesis: que el establishment político-financiero internacional realmente quiera provocar un giro. Si de aquí a unos años todo se queda en la anécdota griega, esa hipótesis se probará errónea. Si Grecia es la primera ficha del dominó y detrás empiezan a caer países con mayor peso económico, la hipótesis no habrá sido tan descabellada. ¿Qué puede provocar un apoyo de ese establishment a sus supuestos adversarios, desde Syriza y Podemos hasta el Front National francés y otros partidos de derecha radical? Pues lo que tienen en común: más Estado.

No sería la primera vez. En los años treinta y cuarenta del siglo pasado, quienes se enfrentaron en realidad no fueron fascismo y comunismo. Esa fue la guerra visible, que causó millones de muertos, pero lo que hubo por debajo fue la pugna entre un modelo de Estado máximo, compartido por ambos extremos, y otro modelo anterior de menos Estado y más autonomía individual. Cuando triunfó a duras penas este último en el mundo occidental, las fuerzas estatistas se aprestaron a una larga resistencia y fueron recuperando posiciones con una receta menos tosca, más sutil: la socialdemocracia basada en deuda. Cuando la primera receta, la totalitaria, terminó por fracasar en el Este, aplicaron la segunda también allí. Ahora la segunda receta, en términos históricos y téoricos, ha fracasado en todo el mundo porque es ya obvia —y está ya descontada— su imposibilidad en el largo plazo. Esa imposibilidad se debe a que la base misma del sistema socialdemócrata, el endeudamiento permanente y extremo, es económicamente insostenible. Y entonces el establishment político-financiero bascula nuevamente desde el uso actual de la deuda y de la socialdemocracia como arma principal para mantener el poder, hacia el uso de un Estado más fuerte y restrictivo.

Pero no es sólo por la insostenibilidad de la economía de la deuda. Hay otro factor más profundo y de más largo plazo: el cambio cultural derivado del cambio tecnológico, que está transformando la sociedad, desde una topología de red descentralizada y jerarquizada hacia un modelo de red distribuida. Desde una red compuesta por muchas subredes de diferentes rangos, con muchos clusters y muchos nodos de paso obligatorio, donde se ejercía el control, pasamos a gran velocidad a una red distribuida donde el protagonista es el individuo, donde muchos nodos tienden a difuminarse o desaparecer porque los individuos son directamente conectables. El cambio cultural asociado a ese cambio de red es tan importante como los que se produjeron con la imprenta o con la aparición misma de la escritura. Y supone una amenaza para los estatistas. Ya se están librando muchas batallas pequeñas, desde Uber y el consumo colaborativo hasta el nuevo entendimiento de la propiedad intelectual. El establishment tiene hoy como obsesión principal frenar o invertir ese cambio cultural para recentralizar la red social, y es normal que prefiera sistemas de fuerte poder estatal frente a aquellos otros donde el individuo puede aprovechar mejor las nuevas tecnologías para aumentar su autonomía.

Ya llevamos tiempo ensayando modelos recentralizadores “de izquierda” y “de derecha” acordes a la idiosincrasia de cada sociedad: redención socialista neoguevariana en América Latina, ortodoxia tradicionalista en Rusia. Da igual una u otra, son lo mismo. Como da igual Tsipras o Le Pen, son lo mismo. Como daba igual Hitler o Stalin, eran lo mismo. Tras los ensayos en las economías periféricas llegamos a la Europa-UE y ya hay una pica en Flandes: la Grecia de Syriza. Como mínimo, servirá a la casta político-financiera para justificar la recentralización, la reestatalización, ejecutándola con más sutileza desde la propia socialdemocracia transpartita, que es nuestro régimen actual. Como máximo, sumirá a nuestras sociedades —a nuestra emergente sociedad global— en un totalitarismo “dos punto cero”, seguramente sin las aberraciones humanitarias de los “uno punto cero” pero igual de eficaz o más. Será una Europa y un Occidente con mucho más Estado, ahora ya a las claras porque sólo así puede, por un lado, enfrentarse a la evolución tecno-cultural antes expuesta, y, por otro, alterar sus propias reglas del juego en cuanto a la deuda y a la economía en general.

La esperanza libertaria se sitúa tras el fracaso de esa recentralización, que bien podría ser el último y feroz coletazo histórico de la institución Estado tal como la conocemos, antes de pasar a los libros de texto. Y no es fiarlo muy largo, porque la misma evolución tecno-cultural ha acelerado tanto los procesos históricos que bien podría sucederse todo en el espacio de pocas décadas: fin de la socialdemocracia, aparición generalizada de estatismos duros (da igual su color político), fracaso de los mismos ante la imparable red social distribuida y ante la quiebra económica inevitable de todo modelo intervencionista, incapacidad final del estatismo para reinventarse, aparición de modelos sociales alternativos que por primera vez minimicen el Estado hasta casi prescindir de él, triunfo económico de esos modelos en sangrante contraste con los modelos intervenidos, adopción generalizada de los primeros y… Libertad. Pero no será sin sufrimiento, desde luego.

Hoy por hoy, lo que me parece claro es que, en el caso de exista un plan definido de recentralización, llevará ya bastantes años en marcha. Llevará funcionando, seguramente, desde que el sistema socialdemócrata comenzó a ser desechado en el plano teórico por los economistas y los politólogos. Y en ese caso, Grecia tan sólo sería un hito más, otra vuelta de tuerka. Y quedaría por ver cuáles son los siguientes.

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6 comentarios

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  1. Juan Ramon Pina

    Excelente articulo, claro y expeditivo, que debería ser captado y asimilado por las masas para que fuera posible acabar cuanto antes con el actual sistema, arcaico y util solo para los mismos dirigentes de esos Estados. Desgraciadamente no abundan los individuos con las ideas y la capacidad apropiadas para impulsar las lineas maestras que marca el pensamiento politico de Juan Pina

  2. JUAN ANTONIO

    Tal vez sea positivo que salgan del Euro y vuelvan a su antigua moneda. Cuando una sociedad decide suicidarse, nada puede impedírselo. Pienso que muy pronto los Griegos veran las desastrosas consecuencias de haber elegido a éstos señores. Y encima pretenderán que los países del norte le sigan pagando la fiesta. Creo que al igual que yo pago mi hipoteca, y si no ya sé lo que me espera con el Banco, también los países tienen que pagar sus deudas y si no, pues que asuman las consecuencias. Lo que no puede ser es que les rescaten ni sé cuantas veces, y encima pretendan seguir como si nada. Es el colmo de la desverguenza. Señores: paguen lo que deben y punto.

    1. Debt

      JUAN ANTONIO, está claro que de historia (más allá de 100 años, claro) no tienes ni idea. “Paguen lo que deben”, dice el tipo. Tienes la cabeza de adorno.

  3. Juancisco

    Es lo mismo Hitler que Stalin, es lo mismo Tsipras que Le Pen y también es lo mismo el P-Lib que Podemos.

    1. Juenleches

      Yo, par poder comparar pondría mejor que Stalin-Hitler, sus ideologías, socialismo real-nacionalsocialismo; mejor que Le Pen y Tsipras, sus programas electorales, estatismo nacional-estatismo coaligado con nacionalistas; mejor que P-lib-Podemos, el programa electoral, la ideología y lo que quieras, a ver si te encaja el liberalismo con el comunismo, el estatismo con la liberalización y el volibarianismo de diseño con la queja de las clases medias por el sangrado a impuestos.

      Lo malo de las ironías es que te las pueden contestar en serio y quedas como un ignorante que escribe para ignorantes.

  4. Empren

    Sí que hay institutos estatales en los que hay optativas en la ESO de emprendeduría. Hay un fondo de sentido común en los enseñantes, que si no sale a flote más a menudo es por lo aplastantemente ideológico de las leyes de educación.

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