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Feb 24 1999

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El liberalismo Internacional hoy

Presentación a cargo de Juan Pina
Ciudad de México, 24 de febrero de 1999

Señores directivos y representantes de la Fundación Friedrich Naumann, señoras y señores:

Cuando Volker Lehr me pidió que preparase para ustedes una breve presentación sobre la actual organización del liberalismo político a nivel internacional, lo primero que pensé fue que era una tarea complicada, ya que se trata de un asunto que da para hablar dos minutos o dos horas, pero difícilmente los quince o veinte minutos previstos esta noche. Voy a intentar, por tanto, realizar una gestión eficaz de mi tiempo y del de ustedes, y voy a procurar explicarles en grandes líneas cómo estamos organizados internacionalmente los liberales, cuáles son nuestras fortalezas y debilidades, y cuáles son los principales asuntos que hoy por hoy, ya sea dividiéndonos o uniéndonos, están sobre nuestra mesa de trabajo.

Para situar la fotografía del liberalismo mundial, hay que referirse en primer lugar a la Internacional Liberal. Fundada en 1948 en Oxford, y presidida inicialmente por don Salvador de Madariaga, un ex-ministro de la República española en el exilio, la Internacional Liberal quiere ser muchas cosas a la vez.

Quiere ser, por un lado, una red mundial de personas que comparten unas ideas y unos planteamientos liberales. A lo largo de su historia, la Internacional Liberal siempre ha dispuesto de diversas formas y categorías de participación directa y en la actualidad sigue dando la bienvenida a cuantos liberales de cualquier país del mundo deseen acudir a sus congresos y eventos. Así, quiero aprovechar esta oportunidad para invitarles cordialmente a nuestro próximo congreso

Por otro lado, la Internacional Liberal, que tiene como logotipo un faro alumbrando en la oscuridad, quiere ser también un punto de referencia ideológica en estos tiempos —post-históricos según Fukuyama— en los que se dice que los principales aspectos del liberalismo ya están asumidos y nadie los pone en cuestión, pero vemos diariamente cómo en todo el planeta la realidad dista mucho de ser tan feliz.

Hay que decir que, naturalmente, y como sucede también en las otras dos Internacionales, la diversidad interna es tan grande y las sensibilidades culturales son tan variadas, que los textos finalmente aprobados reflejan por un lado la victoria intelectual de un muy acabado consenso, pero evidencian, por otro, un exceso de prudencia que frecuentemente nos hace estar un paso o dos por detrás de la realidad.

Por último, la Internacional Liberal quiere ser también —y esto sí lo consigue casi plenamente— la federación mundial de los partidos liberales. Cada seis meses se celebra una reunión del Comité Ejecutivo, en el que participa una persona por partido miembro. Cada año y medio se celebra congreso y se elige a los cargos. El actual presidente es el Sr. Frits Bolkestein, líder parlamentario de los liberales holandeses. El trabajo de la Internacional es bastante eficaz como foro de encuentro y discusión para los diversos —muy diversos— partidos miembros. Así, la Internacional Liberal emite documentos, manifiestos, declaraciones y otros textos políticos que —como los de la Internacional Socialista y los de la Internacional Demócrata Cristiana— son hoy en día los fundamentos de una de las grandes familias ideológicas y de una de las grandes corrientes políticas de nuestro mundo.

Se ha acusado a la Internacional Liberal de ser la más heterogénea de las tres Internacionales. Esto lo desmiente por completo un análisis a fondo de la IDC (donde son miembros algunos partidos democristianos claramente situados en el centroizquierda, junto a partidos superconservadores como el PP español o partidos inclasificables como el peronista argentino), o un análisis de la IS, donde militan partidos tan “lights” como el español junto a grupos guerrilleros como las Milicias Drusas libanesas de Walid Jumblatt. Pese a todo ello, hay que reconocer que sí, que la IL es bastante diversa.  Junto a partidos claramente fieles a la tradición liberal, unos más al centroderecha (como el VVD holandés o el Venstre danés)

y otros más al centroizquierda, como el Liberal Democrats británico o el Shinui israelí, encontramos también partidos que se han apuntado a esto del liberalismo a última hora, por conveniencia electoral, porque era la única afiliación internacional que estaba libre en su país, o por despiste. De todos estos no voy a dar nombres.

Como la etiqueta liberal se ha desvirtuado tanto, nos encontramos con la curiosidad de que los partidos llamados liberales en Japón o Australia militen en la Unión Democrática Internacional, que es la “Internacional Conservadora” a la que pertenecen también los tories brtiánicos. La verdad es que ambos partidos serán quizá algo liberales en economía, pero no lo son en nada más, así que su opción internacional es acertada. Lo contrario sucede con el Partido Liberal colombiano, correctamente situado en la IS. Pero en general, la mayoría de los partidos liberales, centristas y reformistas están en la Internacional Liberal.

Algunos de los vicepresidentes de la Internacional y otras personas vinculadas a la misma nos hemos preocupado en los últimos años porque apreciamos un giro hacia posiciones, digamos, más social-liberales. Felizmente, parece que la actual tendencia se ha reconducido en la línea del pensamiento liberal clásico, e incluso empezamos a recibir aportes y sensibilidades cercanas al fenómeno libertarian, que están llamadas a ser una savia nueva bastante útil para la regeneración del liberalismo.

Los liberales son en la actualidad la primera fuerza política en muy pocos países del mundo. Tenemos el consuelo, sin embargo, de que una gran potencia sea uno de ellos: Andorra. Bueno, afortunadamente también está Canadá. Somos una fuerza media de diversa importancia parlamentaria, en casi todos los países importantes de Europa y del mundo, excepto en el mío (donde llevamos ya siete años luchando por volver al parlamento y recuperar nuestra antigua posición de partido llave, deshaciendo así lo que llamamos la “destransición” que ha conducido a España a un bipartidismo absurdo y mimético de dos fuerzas polític as que apenas se distinguen en las grandes cuestiones y que basan toda su política en la descalificación del adversario).

Pero el liberalismo internacional no es sólo la IL. A su alrededor han ido surgiendo organizaciones regionales que con mayor o menor fortuna han ocupado un lugar en sus respectivas áreas geográficas. El ejemplo más interesante, y el más reciente, es la Organización de Partidos Liberales Africanos, que preside el antiguo disidente del Apartheid sudafricano, Colin Eglin, uno de los escasos ciudadanos blancos que fueron a prisión durante la dictadura racista por su oposición al régimen.

Por otro lado, la Federación Internacional de Juventudes Liberales y Radicales (IFLRY) cumple un importante papel tanto en el seno de la IL como en su propia actividad independiente. Durante seis años fui vicepresidente de esa Federación y, quizá por un cierto síndrome de abstinencia, acudí en diciembre pasado a su congreso de Montréal, ya en mi calidad de “old hack” (que es como nos llaman en la IFLRY a los que ya somos demasiado viejos para estar en activo). Y puedo atestiguar que hoy IFLRY es una organización muy activa, expandida por el mundo entero y con una capacidad y una calidad de trabajo que para sí quisiera la propia Internacional Liberal. Desde aquí me tomo la libertad de recomendar a todos aquellos de entre ustedes que tengan la oportunidad de colaborar a la participación de jóvenes latinoamericanos en IFLRY, que lo hagan porque realmente es una inversión en formación y aprendizaje político que vale la pena. También en torno a IFLRY han surgido subestructuras regionales como la FEJOL en América Latina o el LYMEC en la UE.

Y en torno a la Internacional Liberal se ha creado hace unos años una red que responde al esfuerzo de la IL por coordinarse con los muy diversos institutos, fundaciones y think-tanks liberales de todo el planeta. Para la Internacional es muy importante contar con estas instituciones porque representan la reflexión meditada y la propuesta valiente: dos conceptos que los políticos, por muy liberales que sean, no siempre pueden tener tan presentes como querrían o como deberían.

Por su especial influencia política, otra pieza del liberalismo internacional de hoy es el Partido Europeo Liberal Democrático y Reformista (ELDR), que cuenta con dos importantísimos grupos parlamentarios, uno en el Parlamento Europeo y el otro en la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa. Los liberales europeos somos la tercera fuerza política de la cámara de Estrasburgo y representamos en ella una importante llave de la toma de decisiones ante la bendita ausencia de mayorías absolutas.

Pero más importante que la situación de los liberales y de los partidos liberales es considerar la situación del liberalismo político en el mundo. Es un debate que probablemente compete a otros foros y a otras intervenciones, pero no puedo dejar de hacer una reflexión en voz alta que tal vez diagnostique uno de los males principales que afectan al liberalismo. En los últimos años todo el mundo dice haber asumido lo esencial del liberalismo, desde la derecha y desde la izquierda, con ciertos matices. La realidad es que estos conversos de última hora sólo han asumido, y a regañadientes, y en parte, el liberalismo económico. Es más: lo han desmenuzado, adulterado y reconvertido para constituir una criatura híbrida a la que, sus críticos, llaman neoliberalismo. Esa criatura, que en nada se parece a la plena libertad económica que reivindicamos los liberales, no puede utilizarse como argumento contra el liberalismo, ¿verdad? Bueno, pues “se está pudiendo”. Y eso nos está haciendo mucho daño por dos razones.

La primera, porque desacredita o intenta desacreditar nuestras propuestas económicas sin que hayan llegado a ponerse en práctica. Y la segunda, porque presenta —y mal— un liberalismo exclusivamente económico y se “deja fuera” todo lo demás que pensamos los liberales: nuestra visión de la pobreza y de la exclusión, nuestras ideas en política internacional, nuestra exigencia de contrapesos políticos y división de poderes, nuestra preocupación por los mecanismos de administración de Justicia y de cimentación del Estado de Derecho, nuestra reclamación de que la democracia sea el único medio de toma de las decisiones colectivas pero no invada en cambio el ámbito de las decisiones individuales, nuestra preocupación suprema, en fin, porque la sagrada libertad de la persona reine sobre cualesquiera otras consideraciones en los asuntos públicos. Y así, al desfigurar el liberalismo, al redenominarlo como neoliberalismo, al retirarle sus contenidos éticos, al confundirlo con nuevas formas de mercantilismo y al desproveerlo de sus aspectos no económicos, muchos comunicadores a nuestra derecha y a nuestra izquierda están haciéndonos un daño muy serio. Un daño que sólo podremos contrarrestar mediante la única arma que conocemos los liberales: la palabra.

Espero que esta reflexión y la información que he intentado transmitirles sobre la estructuración mundial del liberalismo político hayan sido de su interés.

Muchas gracias

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