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Feb 01 1993

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Ceuta, Melilla y Gibraltar deben ser dueñas de su futuro

Nuevamente se reúnen los ministros de Asuntos Exteriores de España y Gran Bretaña para hablar sobre Gibraltar sin los representantes de la población concernida. Una vez más España exigirá de Londres algo que la larga tradición democrática del Reino Unido no puede dar: la entrega de un territorio a otro Estado contra la expresa voluntad de su población. Y otra vez la diplomacia española, ciega de orgullo, antepondrá el objetivo de recuperar lo que ya no es nuestro desde hace tres siglos a otros intereses mucho más tangibles y dignos de defensa: el desarrollo del Campo de Gibraltar (desde que se reabrió la frontera se ha multiplicado por catorce la compra de productos y servicios por parte de los gibraltareños en España), los puestos de trabajo de tantos españoles en la Roca, los negocios de tantas pequeñas, medianas y grandes empresas españolas que comercian en o con Gibraltar, la imagen internacional de España (nuestros socios comunitarios no comprenden la importancia que damos a este asunto, vetando incluso fases importantes de la construcción europea por él), las buenas relaciones hispano-británicas y —el interés más importante— la seguridad y tranquilidad de Ceuta y Melilla.

Aparentemente nuestros diplomáticos, tan hábiles y sofisticados en otros asuntos, no son conscientes del daño que hacen a Ceuta y Melilla cada vez que reclaman una solución para Gibraltar no deseada por los gibraltareños. O lo que es peor, tal vez no les importe. Gibraltar consume recursos y esfuerzos de nuestro gobierno en la persecución de un imposible y de una injusticia. Esfuerzos que sin duda sería más productivo concentrar en el apoyo a nuestros propios ciudadanos, por ejemplo en las dos ciudades de la costa africana. Gibraltar, lejos de perjudicar a España (¿acaso perjudica en algo San Marino a Italia o Mónaco a Francia?), es un referente y un módelo a seguir para Ceuta y Melilla en tanto que enclave especial a nivel jurídico-fiscal. El desarrollo de centros de negocios especiales tan dinámicos como el de la Roca es probablemente la mejor idea para el futuro de Ceuta y Melilla. Las tres ciudades tienen en común la lacra de una arcaica reivindicación extranjera por parte del gran país vecino, las tres tienen una situación geográfica especial y un destino parecido como centros de negocios libres de impuestos. Las tres ciudades pueden trabajar juntas por la defensa de sus derechos ante las instituciones europeas. De la colaboración entre Melilla, Gibraltar y Ceuta sólo pueden extraerse consecuencias positivas para sus sociedades respectivas. Esa sinergia es necesaria porque ni Madrid ni Rabat ni Londres tienen derecho a convertir en pesadillas los sueños de estos tres formidables enclaves.

Artículo publicado en el diario Melilla Hoy en febrero de 1993.

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