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May 01 2001

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Todos somos empresarios

Las fronteras entre patrones y obreros se difuminan a gran velocidad. Hoy, los trabajadores están tomando conciencia de que, en realidad, no son otra cosa que empresarios que venden trabajo.

Lo que no acaban de comprender los sindicatos, ni el clero, ni algunas ONG, ni los partidos de izquierda, ni siquiera las organizaciones empresariales, es que todos somos empresarios. Si usted fabrica mesas y las vende a varias tiendas, usted es un empresario, pero si fabrica las mesas en el taller de otro, resulta que ya no es usted empresario sino “trabajador”. Si usted tiene su propio taller de mesas, compra los materiales y las construye, es empresario. Si va a un taller ajeno, le proporcionan el material y usted aporta su fuerza e inteligencia, entonces es “trabajador”. La diferencia entre ambas nociones pudo tener algún sentido en plena revolución industrial, pero no tiene ninguno en la post-revolución informática y comunicacional. Por eso las fronteras del “empleo” se difuminan a pasos agigantados.

Si tengo un taller de mesas, debo contar con otras empresas, es decir, con proveedores. Unas empresas me aportarán la electricidad que necesito para que funcione mi maquinaria, otras me traerán la madera y los tornillos. Otras me aportarán el capital humano, ya sean empresas de colocación, “head-hunters” o los propios obreros contratados de manera directa. Todas esas empresas son empresas, incluídos los obreros. ¿Qué es un trabajador? Es un empresario que provee trabajo, y la empresa es su cliente. Nada importa que lo haga para varias empresas clientes o para una sola, que cobre por horas sueltas o por meses, que realice sus tareas en su casa o en el local de la empresa. El trabajador es, por encima de cualquier otra cosa, un empresario más, tan empresario como el dueño de la fábrica de mesas. Por eso es tan importante que uno se prepare bien para venderse a sí mismo en el mercado laboral, y por eso su autoventa apenas se diferencia del marketing necesario para vender cualquier otro producto.

En las próximas décadas tenderá a hacerse mucho más nítida esta realidad, y eso será positivo para todos. Al desvanecerse las fronteras entre las nociones, hoy obsoletas, de patrón y obrero, se reducirá la conflictividad laboral. El impresionante incremento del teletrabajo desde el hogar, incentivado por las nuevas comunicaciones, hará más evidente aún que todos, sin excepción, somos empresarios.

Publicado por la revista Perfiles del siglo XXI en mayo de 2001.

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