Se arrastraron ante el director de la sucursal, ignorantes de que ese empleado sólo es un sonriente relaciones públicas que ni pincha ni corta en el resultado de la operación. Liaron a la familia para que les prestara dinero, para poder hacer frente al diez o veinte por ciento no cubierto por el crédito. Aceptaron, sin leerlas, todas las condiciones y toda la letra pequeña. No compararon entre bancos, no se miraron los informes de las asociaciones de consumidores o de clientes de banca, fueron a su banco o, peor, a su politizada y aparentemente bondadosa caja de ahorros de toda la vida. Cuando se les concedió la hipoteca lo celebraron como si les hubiera tocado la lotería. Ahora, en plena crisis, con la moneda fuertemente devaluada frente a los estándares de verdad (oro, plata, algunas commodities estables) y con el grifo del crédito irresponsable cerrado por la banca que de verdad manda (la central), muchos de estos hipotecados se revuelven contra el banco que les concedió el crédito. Se asocian en plataformas de “afectados” por las hipotecas que ellos suplicaron, y organizan piquetes para impedir por la fuerza el desahucio de quienes no pagan, por aquello del remojo y las barbas del vecino.
Como decía Trillo desde los altos del hemiciclo, “manda huevos”. Uno creía haber perdido casi por completo la capacidad de asombro ante la estupidez generalizada, inducida por el Hiperestado, pero de vez en cuando pasan cosas que le hacen recuperar la capacidad de sorprenderse. “Estamos en lucha contra los banqueros, que nos dieron créditos irresponsables sin analizarlos bien, y ahora nos quitan las casas”, venía a decir un indignao el otro día, por la radio. Qué poquita dignidad.
Es cierto que durante los años del long boom y de la burbuja de ladrillo, los bancos concedieron miles de créditos a la ligera. De ello deberían quejarse los accionistas de esos bancos, cuya inversión puede peligrar. Y los depositantes, ya que en nuestro sistema económico los depósitos a la vista se utilizan para dar esos créditos. Y los ciudadanos en general, ya que el sistema financiero se ha estirado hasta la más irresponsable insostenibilidad con este tipo de malas prácticas inducidas desde la banca central (los bancos comerciales hoy no son más que tentáculos de la banca estatal, tan diversos en marcas como similares en realidad). Pero si hay alguien que, por puro sentido del decoro, no debería quejarse, es precisamente el beneficiario de esos créditos que nunca debieron darse. Y de hecho no se queja, salvo cuando no puede pagar. Por cada indignao que se queja de que le dieron el crédito que pidió, que rogó, hay muchos más hipotecados que dicen con alivio “suerte que me lo dieron antes de que empezara la crisis, unos meses más y me quedo sin crédito”.
Es curioso el paralelismo que se da entre el comportamiento de los hipotecados y el del Estado cuando emite deuda. En ambos casos se considera un logro alcanzar un alto nivel de endeudamiento. Leemos en la prensa que “el gobierno ha conseguido colocar miles de millones en instrumentos de deuda soberana” o escuchamos en nuestro entorno que Fulano “ha conseguido que le den una hipoteca”. Endeudarse no es ya un instrumento necesario, arriesgado y digno de gestionarse con muchísima prudencia, sino una simple victoria que permite usar recursos ajenos. Y después, cuando haya que devolverlos, pues ya se verá qué se hace. Es un comportamiento propio de yonkies. Acierta Johan Norberg al calificar de adicción al endeudamiento la manera de actuar de los Estados. Y éstos, a su vez, han inducido ese mismo comportamiento temerario en los ciudadanos. Así que no, no es enteramente culpa de los indignaos hipotecaos desahuciaos. Tiene mucha culpa el sistema educativo, que jamás les enseñó ni cuatro lecciones elementales de la asignatura básica para actuar en la vida: la economía. Y tiene mucha más culpa el Estado, ese manipulador, ese ingeniero social, cultural y también económico que les empujó a endeudarse a través de la banca por él controlada. Pero incluso así, la responsabilidad última y principal sobre los asuntos de una persona la tiene esa persona. Hubo inducción al endeudamiento, pero no coacción directa. Hubo espejismo y engatuse, pero no fraude-fraude. Si los indignaos cayeron en la trampa fue en gran medida porque quisieron, que no vengan ahora llorando como niños pequeños: “papá, eres malo, me duele la tripa por las chuches que me compraste, no tenías que habérmelas dado“. La responsabilidad es la otra cara de la moneda de la libertad. Claro, por eso la libertad tiene tan pocos amigos, porque la inmensa mayoría, esas masas acéfalas y bovinas, prefieren abdicar de ella y vivir como críos dóciles para no asumir responsabilidad alguna, para que piense por ellas el Estado. Pues a la vista está el resultado de permitírselo, y la solución no es cambiar de gestores del Estado sino reducir el Estado y administrarle a los ciudadanos un dura terapia de realidad para curarles de una vez por todas el complejo de Peter Pan.

12 comentarios
juan
Domingo 26 junio, 2011, a las 11:11 (UTC 2)
El problema no es lo que firmaron, el problema es el nefasto sistema judicial que permite susbastas desiertas, que permite que abogados y procuradores engorden las deudas hasta, en ocasiones, duplicar la deuda original.
El problema es la arbitrareidad de las hipotecas puente, verdadero instrumento de atraco.
Personalmente compré mi vivienda con mis ahorros y solo tengo un prestamo que puedo abonar con mi plan de pensiones en caso de quedarme en paro. Es decir, yo he sido prudente por que SI tenia conocimiento de la realidad bancaria y judicial.
¿Hasta que punto no podemos decir que el hipotecado esta engañado si desconoce los procedimientos?
Saludos.
Juan Pina
Domingo 26 junio, 2011, a las 11:32 (UTC 2)
Juan, claro, pero no te quedes en esos problemas: el problema es el Estado que permite a SUS bancos hacer todo eso y crea el entramado jurídico propicio para ello. E incluso así, el problema también es que muchísimos ciudadanos quieren permanecer en la minoría de edad mental y que el sistema, el Estado, les dé casa, curro y techo. ¿Las cuentas? Ah, de eso no sabemos: el Excel que lo haga el ministro. ¿Derecho a quejarse ahora…? Ejem.
Jaime
Domingo 26 junio, 2011, a las 11:47 (UTC 2)
Dices que el Estado maneja a sus bancos a su antojo. Yo digo que los bancos manejan a SU Estado a su antojo.
El Estado interviene en la economía para reequilibrar las relaciones asimétricas. Es una obviedad que no todos los ciudadanos parten de cero con las mismas oportunidades. No todos tienen el acceso que tuviste tú a una educación avanzada en Economía que les permita entender el funcionamiento del mundo en el que viven. En cierto modo es desinterés de los individuos por conocer. Pero en mayor proporción es desinterés de los poderes (públicos y privados) por contar con una ciudadanía consciente y consecuente. Es mejor tenerlos atontados para manejarlos mejor. Que voten a mi partido, que trabajen como asalariados en mi empresa, que consuman masivamente mis productos, etc.
Juan Pina
Domingo 26 junio, 2011, a las 12:03 (UTC 2)
Jaime, gracias por tus comentarios. La izquierda tiende a ver una conspiración de oscuros poderes económicos para controlar el Estado, pero yo creo que la cosa es (en general) al revés: la casta política que administra el Estado da privilegios a la aristocracia corporativa de la gran empresa (cuotas de mercado oligopólico, protección frente a competidores exteriores, etc.) y a cambio le exige actuar como agente suyo. Con la banca, más todavía. Eso de que el Estado interviene para reequilibrar es un cuento que nos venden para legitimar la intervención, cuyos efectos principales no son esos sino la consolidación del Hiperestado asfixiante que impide a la gente común emprender y ser libre. Tienes razón respecto a la anestesia que el poder inyecta a los ciudadanos, pero lo hace a través de su nodo centralizador esencial, que es el Estado, e indirectamente a través de los nodos secundarios altamente controlados por él: banca, gran empresa, medios convencionales… Por eso el Estado está en plena cruzada contra Internet, porque disuelve como azucarillos muchos de esos nodos centralizadores y permite relaciones comerciales y personales directas entre nodos pequeños sin pasar por su control, permiso, capacidad de censura o imposición fiscal. Totalmente de acuerdo respecto a los anuncios que salen, tengo que mirarlo
Jaime
Domingo 26 junio, 2011, a las 11:52 (UTC 2)
Por cierto, es sintomático que el google add que sale al principio del artículo rece “Te conseguimos la mejor hipoteca ¡GRATIS!”. El problema a priori es del tonto que se lo cree, sí. Pero el origen está en el listo que hace el anuncio para que los tontos piquen.
Roald
Domingo 26 junio, 2011, a las 12:06 (UTC 2)
La esencia del corporativismo es la relacion simbiotica entre grandes empresas oligopolisticos, bancos y el estado. Se retroalimentan. Uno no puede seguir el chollo del chiringuito sin esta relacion.
Juan Pina
Domingo 26 junio, 2011, a las 12:17 (UTC 2)
Exacto. La aristocracia corporativa y la casta política son una. Y lo triste, realmente triste, es que las masas se venden al Leviatán por un plato de lentejas: un curro malpagao, una hipoteca imposible, una pizca de seguridad y la falsa tranquilidad del llamado Estado del bienestar. La víctima de esa alianza masas-Estado es el individuo que anhela ser libre y quiere salirse de ese juego, pero no le deja el ilícito contrato social que él nunca firmó.
Pablo Gianella
Domingo 26 junio, 2011, a las 12:49 (UTC 2)
Juan, qué gran frase: “las masas se venden al Leviatán por un plato de lentejas”. Copio y pego. Un saludo!
Andrés
Domingo 26 junio, 2011, a las 18:51 (UTC 2)
Gran reflexión que comparto prácticamente en su totalidad, las cosas están muy lejos de cambiar pero difundidendo estas cosas se contribuye a ello. Gracias y un saludo liberal.
Juan VS
Lunes 27 junio, 2011, a las 11:47 (UTC 2)
Pienso que lo que dice el artículo es cierto, pero matizable. Yo no tengo una hipoteca, vivo alquilado, mi sueldo de ingeniero de teleco recién licenciado no me da para más. No creo que todos los que están al borde del desahucio sean gente tan irresponsable como los que comenta. Me parece que se ridiculiza gratuitamente un personaje que, estoy convencido de que existe, pero que no sé si representa la mayoría de endeudados en riesgo de desahucio. El carácter hispano del “todo gratis” ayuda, pero también creo que hay honrados trabajadores que, habiendo sopesado los riesgos de contratar una hipoteca que eran capaces de pagar mientras las cosas iban bien, no han podido contar a priori con los problemas surgidos inopinadamente a raíz de la crisis como el paro (a veces de muy larga duración), la quiebra de muchas PYMES, los EREs, etc. Con esto no descargo al Estado, pero sí al ciudadano, que aunque habrá caraduras, en su gran mayoría se ha visto arrastrado por una crisis sobre la que no han tenido control (de hecho).
Por no hablar de casos de flagrante injusticia como el de una anciana de 80 años desahuciada por deber unos miles de euros al banquero Botín… No sé cómo de irresponsable habrá sido la anciana pero eso es una injusticia a todas luces. En una sociedad humana, el que una anciana se pudra en la calle va más allá del intocable derecho a la propiedad del banco, se mire como se mire.
Juan Pina
Lunes 27 junio, 2011, a las 12:43 (UTC 2)
Realmente son poquísimos los casos en que se llega a la medida extrema del desahucio sin que el hipotecado haya podido tomar medidas, desde renegociar hasta vender el inmueble. El caso de la anciana puede ser uno de ellos. Mi “ataque” por así llamarlo no es, desde luego, a todos los hipotecados en mala situación, faltaría más, sino que se limita a los que ahora protestan porque se les concedió el crédito. Es esa protesta (ese recurso al pataleo a posteriori) el que me parece indecoroso. Dices que no descargas al Estado pero si al ciudadano. Creo que el ciudadano debe ser responsable de sus actos. No me parece bien, por ejemplo, que venga a exigir la “socialización” de sus pérdidas en Afinsa o en Nueva Rumasa. Uno debe saber dónde y cómo mete su dinero. El Estado, por su propio interés, nos ha acostumbrado demasiado a erigirse en red de seguridad de nuestros propios actos, siempre a costa del resto de los ciudadanos. Hablas del carácter hispano del “todo gratis”, pero esto es un fenómeno mundial. Los Estados han hipnotizado a las masas con la droga deuda igual aquí que en Estados Unidos o en Islandia. Los islandeses se indignan, la arman, procesan a su primer ministro, etc. pero bien que se compraron todos dos o tres casas garantizando el crédito con una etiqueta de anís del mono, y ahora se niegan a pagar a los pérfidos países que habían prestado a sus bancos. No siempre el débil de una ecuación es el que tiene razón, por mucha pena que dé.
Roberto BERZAL MIGUEL
Martes 28 junio, 2011, a las 11:56 (UTC 2)
Estimado Juan:
Tienes parte de razón en lo que dices. A nadie le obligan a hipotecarse y quien lo hace debe asumir las consecuencias. Pero es que el problema no es que la gente se hipoteque. El problema es que el dinero que se le presta no existe, no hay una base de ahorro que lo soporte. Es un dinero que aprece y desaparece atendiendo a los intereses de terceras personas. Si quien pide un préstamo supiese lo que está haciendo y se le hiciese firmar que lo que le están prestando no vale nada saldría corriendo de la sucursal, pero eso no es asi.
En mi opinion, en tu escrito (exactamente igual a otros miles que circulan por ahí siguiendo la misma linea argumental) se confunden las causas con las consecuencias. Quien va a un banco a pedir un préstamo no sabe si el dinero que le prestan está respaldado por oro o sale de una fotocopiadora, es más, si se le pasase por la imaginación que esos papelitos no valen nada ni se le ocurriría pedirlo, pero no lo sabe. Acude a la sucursal engañado, primero por estado, luego por el banco y tercero por los dos juntos.
¿Pretendes decirme que alguien medianamente cuerdo va a hipotecar su casa y los ahorros de toda la vida si sabe que lo que le están haciendo es el timo de la estampita? Vamos hombre.
Los ciudadanos somos vagos, comodos, cigarras, confiados, suicidas… pero a nadie le gusta perder todo por lo que ha luchado en la vida.
No me voy a alargar más por que ya he explicado muchas veces que lo que ha hecho la población al hipotecarse ha sido defender su patrimonio. Ha sido obligada a hipotecarse. Si alguien está interesado puedo buscar donde lo tengo demostrado.
Juan, sin duda alguna, esta entrada en tu blog es totalmente desafortunada.
Un salduo.