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Jul 01 1996

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Sobre el deber de la desobediencia civil

Reseña de la nueva traducción del libro “Sobre el deber de la desobediencia civil”, de Henry David Thoreau

Antonio Casado da Rocha nos ofrece una versión nueva del clásico de Thoreau sobre la desobediencia civil, un texto básico para comprender los orígenes de la ideología liberal-libertaria en Norteamérica. Henry David Thoreau defiende la desobediencia civil no ya como derecho sino incluso como deber ante situaciones de opresión que reducen la dignidad del individuo. Casi ciento cincuenta años después de su publicación, la obra de Thoreau se revela como un texto radicalmente actual que, tras haber inspirado a muchos de los pensadores más progresistas desde su publicación, alcanza su pleno valor en las sociedades desarrolladas del Occidente actual. En palabras de Martin Luther King, “la no cooperación con el mal es una obligación moral en la misma medida que lo es la cooperación con el bien. Nadie ha logrado transmitir esta idea de forma más apasionada ni elocuente que Henry David Thoreau. Como resultado de sus escritos y de su testimonio personal somos los herederos de un legado de protesta creativa. Huelga decir que hoy las enseñanzas de Thoreau siguen vivas, es más: están más vivas que nunca”.

Thoreau nació en 1817 en Concord (Massachusetts) en el seno de una familia pobre pero culta. Entre sus coetáneos, Thoreau trabó amistad con escritores como Nathaniel Hawthorne y Louisa May. Su consiguiente contestación de las imposiciones del poder le ocasionó problemas e incluso una temporada de arresto. El título que nos ocupa (véanse extractos en la sección “Textos Liberales” de este número de Sociedad Global), es la principal obra de Thoreau. El autor explora la relación entre el individuo y el Estado a través de conceptos tan innovadores como la objeción fiscal, la abolición de la esclavitud, el derecho y el deber de resistirse al gobierno, la apostasía frente a las imposiciones de la iglesia, etc. Thoreau titula muy significativamente uno de los capítulos “el Estado sólo puede obligarme a obedecer una ley más alta que yo”, y critica duramente la imposición del concepto de ley por encima del de justicia. Una lectura sorprendente y refrescante.

Reseña publicada por la revista Sociedad Global en julio de 1996.

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