«

»

Jun 01 2019

Imprimir esta Entrada

Movimiento contracultural conservador

La llegada del papa jesuita Francisco tras la abdicación de Benedicto XVI ha sido interpretada como un triunfo del ala más izquierdista de la curia, o como una reacción a la presión que ejerce una alianza de sectores de dentro y fuera de la Iglesia Católica. Dentro de la misma se encontrarían el Opus Dei, los cristeros mexicanos de El Yunque y otras agrupaciones extraordinariamente conservadoras. Fuera, pero en ecuménica colaboración ultra, habría una coalición difusa que pasaría por una parte de la iglesia mormona, gran parte del protestantismo más conservador del llamado Bible Belt estadounidense, e incluso sectores del judaísmo menos reformista. Por supuesto, el catolicismo preconciliar (los seguidores de Monseñor Lefebvre) estarían alineados con esta recomposición trans-religiosa en torno a los valores más iliberales.

No han faltado voces católicas, en el sector conservador de la Iglesia, que han criticado en estos años la extraña abdicación de Benedicto XVI y afirman que es antijurídica en Derecho canónico, y que sólo puede haber un papa. Estas voces insinúan que el ex papa habría sido depuesto por una camarilla, y se basan para ello en su resistencia a cumplir con ciertos ritos al pasar el testigo a su sucesor. Así, lo sucedido en el Vaticano habría sido una suerte de golpe de timón aceptado, por los motivos que sea, por Benedicto XVI. El sector progresista habría tomado el poder con urgencia ante el ímpetu del ala conservadora y sus aliados externos.

Sea como sea, es obvio que en todo el mundo asistimos hoy a un resurgimiento de posiciones morales, culturales, sociales y políticas que van más allá del conservadurismo convencional del último siglo. Es como si los conservadores hubieran decidido “liarse la manta a la cabeza” o “echarse al monte” y cancelar toda su moderación de las décadas anteriores, planteando ahora un movimiento contracultural que copia la estrategia y hasta las formas de los movimientos equivalentes de signo opuesto. Este frentismo disruptivo frente al statu quo partiría de su convicción de que, actuando con moderación, ya no tienen opciones de frenar ni mucho menos de revertir la consolidación del mundo moderno de inspiración ilustrada, liberal. Si a duras penas admitieron la incorporación de las mujeres al mundo profesional, político o cultural, cambios sociales posteriores como la inclusión de las personas LGBTI, junto a los avances en el área de la biotecnología, habrían llevado a esta facción a su actual radicalización. Con un clima político-ideológico y hasta geopolítico favorable, con figuras como Putin y Trump y movimientos próximos como la Alt-Right y el nacional-populismo europeo, y con el terreno abonado que brindan fenómenos como la crisis migratoria, los hiperreligiosos crecen y se aproximan a sus objetivos, absolutamente condenables porque no se limitan al legítimo interés de vivir ellos conforme a sus creencias, sino que se extienden a legislar cómo debemos vivir los demás.

A diferencia del mainstream católico y protestante, o del judaísmo refromista, estos ultras no admiten para sus organizaciones e idearios una marcha acompasada con la de las ciencias, las tecnologías, la cultura y los valores cívicos en espontánea evolución social. Si Roma, incluso a regañadientes, hace ya décadas que aceptó a Darwin, validó la física newtoniana y aun la cuántica o admitió unas sociedades menos jerárquicas y más basadas en el individuo, todo este nuevo movimiento vive en franca contraposición a todo lo posterior a la Ilustración, en todos los campos. Se nota, en este sentido, la especial fuerza de los sectores más conservadores del protestantismo, que serían en muy gran medida los artífices económicos del movimiento en su conjunto.
¿Es posible que un chaval de Barcelona, creacionista y literalista bíblico, tenga más de trescientos mil seguidores en su canal terraplanista de YouTube? Produce y divulga vídeos cuidados, probablemente costosos, con buenas imágenes de archivo. No parece un hobby ni una pequeña operativa doméstica. ¿Es posible que, en todo el mundo, el terraplanismo y el “diseño inteligente”, unidos a otras muchas conspiranoias, estén prendiendo entre personas cultas e inteligentes? En comunicación todo es posible. Todo. Y sólo hace falta una cosa: dinero.

Algo está cada día más claro: nos estamos internando en una senda de confrontación entre la modernidad occidental, con los niveles más altos jamás alcanzados de prosperidad (gracias al capitalismo) y de libertad (gracias a la privatización del misticismo), y el retorno al mundo tradicional premoderno. Contra lo que inicialmente podríamos pensar, los defensores de este último son legión. Y van ya a por todas, y cuestionan con su pujante contracultura verdades largo tiempo contrastadas para devolvernos al punto de la evolución histórica que ellos desean, y mantenernos ahí. No es asunto menor.

LinkedInTuentiMeneamePrintFriendlyCompartir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *