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El nacimiento del P-Lib y las críticas recibidas desde el liberalismo conservador
3 de septiembre de 2009 Este mes de agosto, la aparición en escena del Partido de la Libertad Individual (P-Lib) ha suscitado todo tipo de reacciones. Es curioso, pero entre las críticas más duras han destacado las de personas y blogs que llevan años declarándose liberales e incluso liberales-libertarios. Otros miembros de esa familia, afortunadamente, han acogido al P-Lib con simpatía y aprecio, aunque también con un punto de escepticismo. Este es el problema de los liberales de este país. No confiamos en nuestra propia capacidad de nuclearnos en torno a un partido realmente liberal. Así nos va. Mientras en el centro y Norte de Europa los partidos liberales representan a un porcentaje respetable del electorado y tienen influencia en la acción de gobierno, sirviendo como baluartes frente al colectivismo económico y moral, en España (como también en Portugal o Italia) los liberales estamos dispersos y somos nuestros peores enemigos por una mezcla de desidia y fatalismo. El P-Lib no ha pretendido hacer demasiado ruido en esta fase inicial de lanzamiento de su proyecto, aún en pañales. Pero en la blogosfera se ha producido un importante debate en el que destacan tres posiciones. La primera es la de los entusiastas, que llevaban tiempo esperando que surgiera un partido realmente "liberal en todo" y no sólo en lo económico o sólo en lo ético. Son los menos, pero bastantes de ellos ya se han sumado al P-Lib y desde luego comparten el objetivo de crear en España un partido liberal-libertario potente y serio que combata las imposiciones de la masa a la persona tanto en lo económico como en lo moral. La segunda posición, que ha tenido un número también pequeño de seguidores, es la que yo llamaría "exquisita". Se trata de personas que irían mucho más allá que nosotros. Hay entre ellos desde ancaps hasta agoristas. Respetando su punto de vista, me parece de sentido común señalar que ningún otro partido les es más próximo (o menos lejano) que el P-Lib. La tercera posición, bastante numerosa, ha sido la de los liberales conservadores, a quienes parece haberles sentado bastante mal que por fin un partido defienda la economía austriaca y el individualismo económico... pero (vaya por Dios) resulte tener una base común racionalista y ser ajeno a la influencia confesional. Para este sector, sin duda alguna, sus intereses están mejor representados por el PP o quizá por UPyD que por el P-Lib, y desde luego les recomiendo hacer política desde esos partidos (a ver si de paso ayudan a que su política económica evolucione hacia posiciones realmente liberales). Entre los defensores de esta tercera posición frente al P-Lib ha habido incluso quienes han acusado al nuevo partido de ser "liberal anticristiano". Semejante barbaridad sólo puede ser producto de un exceso de celo en la defensa de sus planteamientos religiosos, que claramente superan en prioridad a sus planteamientos políticos. Ni que decir tiene que el P-Lib no es ni pretende ser anticristiano (ni antijudío, ni antimusulmán, ni antinada). Hay entre el pequeño grupo de fundadores y primeros afiliados personas cristianas, como no podría ser de otra manera en un país donde esa religión es mayoritaria. Es impresionante que las críticas más duras al nuevo partido procedan, no de nuestros adversarios ideológicos (que nos han acogido incluso con respeto desde distintos puntos del espectro ideológico) sino de los liberales-conservadores que no ven reflejado en el P-Lib su deseo de una sociedad en la que la Iglesia Católica tenga un papel preeminente sobre las demás confesiones, en la que los agnósticos y ateos (pese a ser ya un gran porcentaje de la población) tengan mucha menor influencia y sigan sometidos al imperio del pensamiento religioso, en la que el Estado siga privilegiando a su Iglesia, y en la que la legislación sobre cuestiones morales o éticas esté condicionada por la visión de la mayoría católica, imponiéndosele al individuo católico o no. Y sin embargo, hay muchas maneras (y muchos grados) de vivir y entender el cristianismo, y para muchas personas es perfectamente compatible con la militancia en un partido liberal, incluso liberal-libertario. Si hay católicos en el PSOE y hasta en IU, perfectamente puede haberlos en el P-Lib. Lo que será difícil es que se afilien al P-Lib católicos extremistas, pero los católicos "normales y corrientes" son tan bienvenidos, si comparten las ideas políticas del P-Lib, como cualquier otro ciudadano, por supuesto. Lamento que en nuestro país "liberal" haya terminado por significar, para ese sector, algo así como "conservador en lo moral aunque menos o nada intervencionista en lo económico". Para mí la libertad y por ende su política (el liberalismo convencional y su vanguardia más rica, el libertarismo) es indivisible y se aplica a todas las políticas, no sólo a la económica. Los promotores del P-Lib y sus primeros afiliados constituimos un grupo heterogéneo en cuanto a las creencias religiosas, pero con el denominador común de una pasión auténtica por la libertad individual en todos los órdenes de la vida, lo que nos lleva a rechazar las imposiciones liberticidas de la masa tanto en unas cuestiones como en otras. Es legítimo ser liberal conservador (o social-liberal, por otra parte) y, consecuentemente, no estar en el P-Lib. Pero sostengo, lógicamente, que es igual de legítimo lanzar por primera vez en España un partido puramente orientado a la libertad plena de la persona en todos los terrenos, un partido liberal sin servidumbres ni peajes. A quienes les ha sentado mal, seguramente lo que les desagrada es que el P-Lib representa la pérdida del monopolio del liberalismo económico profundo por parte del sector moralmente conservador, tradicionalista y confesional. Pero esto sólo es nuevo en España. En Europa y desde luego en Norteamérica, los liberales y los libertarios son nítidamente identificables frente al conservador. Quienes estamos en el P-Lib (cristianos incluidos) ansiamos una sociedad libre en la que el Estado no nos imponga creencias religiosas, por mayoritarias que sean, y en la que la fe (o su ausencia) sea una cuestión privada de cada persona que no influya en el marco común. Sostengo que muchos cristianos, liberales o no, quieren esto mismo, y que sólo ciertos sectores "duros" del catolicismo español cuestionan esta visión y pretenden regresar a posiciones de mayor peso de sus valores religiosos y de las organizaciones que los sustentan en el conjunto de la sociedad. Con todo mi respeto, quienes así piensan podrán ser, simultáneamente, grandes liberales en economía, pero no creo que puedan ser tenidos por tales en general.
RESPUESTAS A LOS POSTS Para Shibumi: Gracias por tu post. No puedo estar más de acuerdo contigo, por raro que te parezca. Me afilié con 18 años al CDS y no encontré en él muchos liberales aunque sí algunos. En aquellos momentos (1986) Alianza Popular era todavía mucho más conservadora que el PP de hoy, y desde luego sus vinculaciones con el régimen anterior eran mucho mayores que el hecho anecdótico de la trayectoria personal de Suárez, corregida en cualquier caso con su posterior acción de gobierno entre 1976 y 1981. Y respecto al PSOE de entonces, era mucho más izquierdista y cometía todo tipo de desmanes desde el poder. Era normal por lo tanto que las personas del entorno liberal nos sintiéramos atraídos por el CDS y por el PRD, que desapareció ese mismo año. Parecían las opciones más sensatas. Concédeme, eso sí, el derecho a evolucionar como cualquier otra persona preocupada por el mundo de las ideas a lo largo de más de veinte años. No me avergüenzo de haber estado ahí ni de mi evolución posterior. Durante los cinco años que dirigí la revista Perfiles Liberales también evolucioné, alcanzando mi visión actual de las cosas. Todo esto es lo normal, lo que no es normal es tener las cosas clarísimas a los 18 y no moverse de ahí. Si es tu caso, pues felicidades, seré yo menos inteligente... Es cierto, desde luego, que hubo vida en el liberalismo español mucho antes y mucho después del CDS, y desde luego es cierto que el CDS pecaba de unas posiciones socialdemócratas en economía que tiraban de espaldas. Todo eso lo fui comprendiendo desde dentro, pero en 1988 la incorporación a la IL fue un aliciente adicional para los liberales que estábamos en ese partido. Participé de lleno, y me agradó ver que iban afiliándose más liberales al CDS, incluyendo gente del antiguo partido de Segurado. Acudir a las reuniones de la IL y de su organización juvenil, IFLRY, me ayudó a profundizar en mi visión liberal de las cosas, como a muchas otras personas. Eso sí, la acción de CDS en la IL fue bastante pobre y la presidencia de Suárez un desastre, y además lo de Progresista, que sólo se aplicó a la versión castellana del nombre y por prejuicios tontos de los latinoamericanos y del propio CDS, se eliminó después afortunadamente. El resto es Historia. El CDS nunca fue realmente un partido liberal, como no lo han sido sus diversos continuadores centristas, pero sí ha habido siempre una corriente liberal importante, aunque con una desesperante tendencia hacia las posiciones más lights o a veces directamente social-liberales. Pero es que la vida en el PP era y es igual de difícil para un liberal o más, mucho más. Y lo mismo en CDC, y en UpyD y en tantos otros partidos por los que andan repartidos aún los liberales hiperpragmáticos que todavía creen en la estrategia de la quinta columna, del complot interno, del maquiavelismo en el seno de los grandes partidos... Por mí parte, he preferido unirme a otros liberales, la mayoría sin militancia previa y otros que han pasado por experiencias tanto similares como diferentes a la mía, y tratar de poner en marcha un partido liberal sin complejos. No hay nada raro ni oculto ni nos paga la CIA ni el PSOE... Ya se nos irá conociendo, ya iremos haciendo eventos y publicaciones y tú mismo verás que seremos mejores o peores, pero no escondemos nada. Para A. Chena: Muchas gracias, contamos contigo. Hablamos por teléfono, entre tanto un abrazo. Para Ludovico: Gracias por hacer el test. Con ese resultado creo que deberíamos colaborar. Ojalá contemos contigo en el partido. En cuanto a la protección de los hijos frente a sus padres, evidentemente se trata de casos extremos que entrañen riesgo para el menor, y creo que en eso todos estamos de acuerdo, quizá el matiz sea considerar o no que determinados sistemas educativos puedan entrañarlo. Hay mucho que debatir y te invito a ello. Respecto a la ley de plazos, tal vez la solución a tu temor sobre la posible ampliación excesiva de los mismos con el paso del tiempo sea establecer un límite constitucional, como el que planteamos en otras áreas políticas para la tributación y el endeudamiento público. En todo caso, entendiendo tu punto de vista y respetándolo, por supuesto, al final se trata de decidir qué bien jurídico requiere mayor protección, la vida del feto o la libertad de la mujer, y eso sólo puede determinarse desde una ley de plazos. Es evidente que a los ocho meses prima el bien jurídico de la vida del feto, y para mí es evidente que a las cuatro horas de la concepción prima el bien jurídico de la libertad de la mujer. A partir de ahí, la única solución es, o la prohibición total y absoluta que defienden algunos sectores (para mí extremistas), o una ley de plazos equilibrada y razonable, como las que hay en casi todos los países occidentales. Blog
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