Ratzinger y Occidente
10 de septiembre de 2006.
Joseph Ratzinger (alias Benedicto XVI) ha afirmado hoy en Alemania que "Occidente desprecia a Dios" y ha pedido mayor respeto en los países occidentales para todas la religiones.
Está claro que tanto incienso debe de afectar la cabal apreciación de las cosas. Occidente no "desprecia" a ningún dios: simplemente lo ha privatizado, situándolo en el ámbito personal de cada ciudadano. Esto, que parece tan simple, es la clave del éxito de Occidente. Al excluir el misticismo de la conducción de los asuntos públicos y al establecer sistemas de convivencia y de organización de la política basados en la Razón, Occidente logró salir de la oscuridad y alcanzar unas cotas de desarrollo que jamás habríamos soñado de no producirse el Siglo de las Luces. Occidente despegó frente al resto de las regiones del planeta precisamente porque asumió plenamente el racionalismo y el relativismo.
Sin embargo, Occidente no proscribió el hecho religioso. Al contrario, lo amparó en el marco de las libertades individuales. Lo que ya es el colmo es pedir respeto para las religiones precisamente a Occidente, cuando es la única zona del planeta donde existe verdadera libertad religiosa, es decir, libertad religiosa con independencia del credo de cada persona.
Ratzinger, el único jefe de Estado no democrático de un país occidental, debería reflexionar sobre quién debe pedir respeto a quién. Probablemente sea Occidente quien necesite un poco más de respeto por parte de la influyente jerarquía católica, que no deja de poner obstáculos en todas las áreas de avance de las ciencias, la tecnología, los derechos civiles y hasta los derechos humanos, por ejemplo de la mujer.
Lo más triste es que hubiera doscientas mil personas aclamándole en Alemania. Lo más tranquilizador es que, incluso con tales concentraciones de fieles, las estadísticas no dejan de señalar el profundo divorcio existente entre las sociedades occidentales y estos señores. No es que Occidente desprecie a Dios, pero muchos, muchísimos occidentales, sí desprecian a la organización de Ratzinger por su pasado y por su presente.