Censura a Rubianes en Madrid
8 de septiembre de 2006.
No lo puedo remediar: no me gusta la censura, la ejerza quien la ejerza. Me repugna igual con independencia de la ideología que represente. Está claro que Rubianes pronunció en TV3 unas frases que podían herir la sensibilidad de muchas personas identificadas con la idea de España. ¿Y qué? ¿Es eso motivo legítimo para censurar una obra de teatro suya sobre Lorca, que no tiene nada que ver con el tema?
Si la decisión del alcalde de Madrid (porque no hay duda de que Rubianes ha sido presionado) sienta precedente, podríamos ver cómo en otros lugares se censura actividades artísticas y culturales de otras personas por el mismo y peregrino motivo: que tiempo atrás se hayan "pasado" con algún comentario fuera de tono respecto a la ciudad o comunidad autónoma respectiva. ¿Vale la pena entrar en semejante guerra? Mi opinión es que no.
Creo que debemos defender la libertad de expresión a cualquier precio, incluso la de aquellos que la emplean para decir cosas que no nos gusten. Y, desde luego, se puede contestar a lo dicho por alguien, pero no marginarle tiempo después censurando una obra suya. Hacerlo es ponerse a la altura de los comisariados culturales de la URSS.
Voltaire siempre me viene a la mente en estos casos: "no estoy de acuerdo con lo que dices, pero daría mi vida por tu derecho a decirlo". No parece que esta escuela de pensamiento haya hecho la menor mella en la formación de Alberto Ruiz Gallardón.